La vitamina D3, o colecalciferol, es una vitamina liposoluble especial: a diferencia de la mayoría de las vitaminas, el organismo puede sintetizarla por sí mismo en la piel, bajo la acción de los rayos UVB del sol. Esta síntesis cutánea suele cubrir entre el 80 % y el 90 % de las necesidades, ya que la alimentación solo aporta un complemento limitado. Sin embargo, el uso sistemático de protección solar, aunque indispensable para reducir los riesgos cutáneos, también reduce la síntesis cutánea de vitamina D, lo que explica en parte la frecuencia de los déficits observados incluso en personas que viven en regiones soleadas.
La vitamina D3 es indispensable para la absorción intestinal del calcio y el fósforo, dos minerales esenciales para la mineralización ósea. Más allá de esta función bien conocida, también interviene en la regulación del sistema inmunitario, en la contracción muscular y en la división celular, lo que explica el interés que suscita esta vitamina mucho más allá del ámbito de la salud ósea.
Varios factores explican la frecuencia de las carencias de vitamina D en Francia: una exposición solar insuficiente durante gran parte del año, sobre todo en el norte del país; un estilo de vida que se desarrolla principalmente en interiores; y una población que envejece, cuya piel sintetiza la vitamina D con menor eficacia a medida que avanza la edad. Dado que el tejido adiposo retiene esta vitamina liposoluble, las personas conobesidad también están más expuestas, un factor que se suma a las causas ambientales. Las encuestas de salud pública estiman que una parte importante de la población presenta niveles insuficientes al final del invierno, lo que justifica una especial vigilancia durante este periodo.
Existen dos formas principales de vitamina D que se utilizan como suplementos: la vitamina D2 (ergocalciferol), de origen vegetal o fúngico, y la vitamina D3 (colecalciferol), de origen animal o sintetizada mediante procesos similares a la producción cutánea natural. Los estudios comparativos sugieren que la vitamina D3 es más eficaz para elevar y mantener de forma duradera los niveles de vitamina D en sangre que la D2, un criterio que se tiene especialmente en cuenta en el seguimiento dela osteoporosis, lo que explica su preferencia en la mayoría de los complementos alimenticios actuales.
Las necesidades de vitamina D varían según la edad y la situación fisiológica: los lactantes, especialmente los alimentados con leche materna, necesitan una suplementación sistemática desde el nacimiento, ya que la leche materna es naturalmente pobre en vitamina D, independientemente del estado de la madre lactante. Los adultos tienen unas necesidades de entre 15 y 20 microgramos al día según las recomendaciones, mientras que las personas mayores de 65 años ven aumentadas sus necesidades debido a una síntesis cutánea menos eficaz.
Ciertas poblaciones presentan un mayor riesgo de carencia: las personas mayores, que sintetizan peor la vitamina D y suelen exponerse menos al sol; las personas de piel oscura que viven en latitudes con poca insolación; y las personas que llevan ropa que cubre gran parte del cuerpo y limita la exposición cutánea directa.
La suplementación con vitamina D3 puede realizarse siguiendo un esquema diario con dosis bajas o un esquema trimestral con dosis más elevadas (ampollas o dosis de carga), estando ambos enfoques validados médicamente según las prácticas de prescripción y las preferencias del paciente. Esta suplementación se integra con frecuencia en las estrategias para reforzar la inmunidad natural durante el invierno, como complemento de una alimentación equilibrada. Un análisis de sangre previo permite adaptar con precisión la posología al estado real de la persona, en lugar de basarse en un esquema genérico.
A diferencia de las vitaminas hidrosolubles, que se eliminan rápidamente, la vitamina D3, que es liposoluble, puede acumularse en el organismo en caso de ingesta excesiva y prolongada, lo que expone a un riesgo de hipercalcemia (exceso de calcio en sangre) que puede manifestarse mediante fatiga inusual, náuseas, sed excesiva y, en casos graves, complicaciones renales. Este riesgo de toxicidad es poco frecuente con las dosis recomendadas, pero justifica que nunca se superen las dosis prescritas sin consejo médico, especialmente en personas que ya llevan mucho tiempo tomando suplementos de calcio.