La vid roja (Vitis vinifera var. tinctoria) es una variedad de la vid europea cuyas hojas adquieren un intenso color rojo en otoño. Esta espectacular pigmentación delata una concentración excepcional de antocianinas, complementada con proantocianidinas oligoméricas (OPC), flavonoides (quercetina, rutosida) y taninos. Esta composición polifenólica la convierte en una de las plantas más estudiadas en fitoterapia circulatoria. La EMA reconoce su uso en el tratamiento sintomático de la insuficiencia venosa crónica.
Sus indicaciones tradicionales y clínicas abarcan un amplio espectro:
Los OPC de la vid roja se encuentran entre los antioxidantes vegetales más potentes de los que se tiene constancia: capturan los radicales libres, inhiben las enzimas que degradan el colágeno vascular (elastasa, colagenasa, hialuronidasa) y protegen el endotelio de los vasos sanguíneos. Esta característica farmacológica única diferencia a la vid roja del castaño de Indias o del rusco, que son más bien venotónicos mecánicos. La vid roja actúa tanto sobre la solidez estructural como sobre la protección antioxidante de la pared vascular.
Sí, y es una de sus indicaciones mejor documentadas. Varios ensayos clínicos muestran una mejora de la sensación de pesadez, los edemas y el perímetro del tobillo tras un tratamiento de entre 6 y 12 semanas con extracto estandarizado. También contribuye al alivio de las hemorroides cuando se toma por vía oral. El efecto es duradero, sin un pico de acción inmediato.
La acción capillaroprotectora de los OPC los convierte en un principio activo de elección para las pieles con tendencia a la cuperosis, enrojecimientos difusos o telangiectasias. En tratamiento interno, complementa los cuidados tópicos calmantes y ayuda a tratar la fragilidad capilar cutánea. También se utiliza en forma de loción en pieles reactivas, donde aporta un efecto astringente y antioxidante local.
Los antioxidantes polifenólicos de la vid roja favorecen la recuperación deportiva al limitar el estrés oxidativo asociado al esfuerzo intenso. Al facilitar el retorno venoso y favorecer la microcirculación, reduce la sensación de hinchazón tras el esfuerzo y alivia las agujetas. Se recomienda una cura de 3 a 4 semanas durante el periodo de máximo entrenamiento.
Las formas farmacéuticas dependen del objetivo:
Las sinergias polifenólicas y venotónicas son numerosas: