El hierro hemo es la forma de hierro ligada al hemo, la molécula que da su color rojo a la sangre y a los músculos. Solo se encuentra en productos de origen animal: carne roja, vísceras (especialmente el hígado), aves y pescado. Se distingue claramente del hierro no heínico de origen vegetal, que se describe con más detalle en la página dedicada al hierro en general, sobre todo en lo que respecta al mecanismo de absorción intestinal.
El hierro hemo sigue una vía específica de absorción intestinal, independiente del transportador que utiliza el hierro no hemo, lo que le permite asimilarse en un porcentaje del 15 al 35 %, frente a solo un 2-20 % en el caso del hierro vegetal. A diferencia del hierro no hemático, su absorción no se ve frenada por los taninos, los fitatos o el calcio presentes en la misma comida, y no requiere la ingesta conjunta de vitamina C para asimilarse de forma eficaz.
Las personas con una carencia de hierro confirmada mediante un análisis de sangre, especialmente en casode anemia ferropénica, pueden beneficiarse de una suplementación con hierro hemo cuando los aportes alimentarios no son suficientes para corregir el déficit. Su mayor biodisponibilidad lo convierte en una opción interesante cuando se necesitan aportes elevados durante un periodo limitado, siempre como complemento de un dictamen médico y un seguimiento biológico.
Por definición, el hierro hemo está ausente en cualquier dieta vegetariana o vegana. Por lo tanto, los vegetarianos deben recurrir exclusivamente al hierro no hemático y asegurarse de combinar sistemáticamente una fuente de vitamina C con sus aportes de hierro vegetal para optimizar su absorción, lo que requiere una mayor atención nutricional que en una dieta omnívora.
Los complementos a base de hierro hemático suelen asociarse a una mejor tolerancia digestiva que las sales de hierro no hemático clásicas (sulfato ferroso), que provocan con mayor frecuencia trastornos como dificultad para digerir, náuseas o dolores abdominales. Esta diferencia de tolerancia se debe a la vía específica de absorción del hierro hemo, que limita la cantidad de hierro libre residual que irrita la mucosa intestinal.
Aunque se tolera mejor, el hierro hemo puede provocar estreñimiento en dosis elevadas, un efecto secundario habitual de cualquier suplementación con hierro. Al igual que con cualquier forma de hierro, nunca se debe iniciar la suplementación sin un análisis de sangre previo, ya que un exceso de hierro puede resultar tóxico a largo plazo y enmascarar una causa subyacente que requiera un estudio médico específico.