El tabaquismo se refiere al consumo habitual de tabaco, normalmente mediante la inhalación del humo del cigarrillo. La nicotina, el principal alcaloide del tabaco, es la responsable de la adicción: actúa sobre los receptores nicotínicos del cerebro y activa el circuito dopaminérgico de recompensa. El tabaco contiene más de 7 000 sustancias químicas, la mayoría de las cuales son compuestos tóxicos y cancerígenos demostrados (benceno, formaldehído, hidrocarburos aromáticos policíclicos). El tabaquismo es la principal causa de mortalidad evitable en Francia, responsable de más de 75 000 fallecimientos al año. Sus consecuencias afectan a numerosos sistemas:
El tabaquismo pasivo también expone a los no fumadores a los mismos riesgos de enfermedades cardiovasculares y cáncer; los niños son especialmente vulnerables, con un mayor riesgo de infecciones respiratorias, asma y síndrome de muerte súbita del lactante.
Dejar de fumar desencadena un síndrome de abstinencia de nicotina con síntomas temporales, aunque a veces muy molestos: ansiedad, irritabilidad, trastornos del sueño, aumento del apetito, dificultades para concentrarse y ansias frecuentes de fumar (craving). Su intensidad varía en función del nivel de dependencia previo y suele disminuir al cabo de 2 a 4 semanas. Dejar de fumar suele requerir varios intentos; se trata de un proceso normal de la deshabituación tabáquica, no de un fracaso personal:
Una consulta con un especialista en tabaquismo o con el médico de cabecera permite adaptar la estrategia para dejar de fumar a cada perfil; según los datos de salud pública, este es el enfoque más eficaz.
Dejar de fumar supone un gran esfuerzo para el organismo, especialmente a nivel nutricional y nervioso. Los fumadores suelen presentar un déficit especialmente grave de vitamina C: el tabaco aumenta el estrés oxidativo y el consumo de esta vitamina antioxidante; su suplementación (de 500 a 1 000 mg/día) favorece la recuperación general del organismo tras dejar de fumar. El bisglicinato de magnesio (300 mg/día) ayuda a aliviar la irritabilidad y el nerviosismo del síndrome de abstinencia al reducir la hiperexcitabilidad nerviosa. Una buena hidratación, una actividad física regular (que ayuda a canalizar el estrés y limita el aumento de peso asociado a la abstinencia) y una alimentación rica en fibra completan el enfoque nutricional.
En cuanto a las alternativas que se presentan como menos nocivas (cigarrillo electrónico, tabaco calentado), es importante destacar que siguen entrañando riesgos para la salud nada desdeñables y que ninguna autoridad sanitaria las recomienda como opción segura: solo la abstinencia total elimina realmente los riesgos relacionados con el tabaco. Para obtener orientación detallada sobre cómo dejar de fumar, consulta la página dedicada al abandono del tabaco.