El cuidado de las heridas siempre comienza con una limpieza mecánica rigurosa: irrigar abundantemente la herida con suero fisiológico estéril o agua corriente limpia durante al menos 5 minutos para eliminar cuerpos extraños, restos y bacterias. El antiséptico se aplica después del lavado mecánico, nunca en su lugar. Para cortes y heridas superficiales, la clorhexidina (solución al 0,5 %) es el antiséptico recomendado por la HAS: bactericida de amplio espectro, bien tolerado y no citotóxico en las concentraciones habituales. La povidona yodada (al 10 %) es eficaz para heridas con alto riesgo de infección, pero puede ralentizar la cicatrización a concentraciones elevadas. La hexamidina (gel al 0,1 %) es un antiséptico sin alcohol que se tolera bien en heridas dolorosas y pieles sensibles.
La elección del apósito depende del tipo y del estadio de la herida:
El ácido hialurónico (AH) es un glicosaminoglicano presente de forma natural en la dermis que desempeña un papel clave en las tres fases de la cicatrización (inflamación, proliferación y remodelación). Las cremas con AH de alto peso molecular forman una película oclusiva que retiene la humedad, favorece la migración de los fibroblastos y acelera el cierre epidérmico. El AH de bajo peso molecular penetra en la dermis y estimula la síntesis de colágeno, lo que resulta especialmente útil para las heridas profundas y las cicatrices recientes. Debe aplicarse únicamente sobre heridas limpias y desinfectadas; nunca sobre heridas infectadas.
Las quemaduras de primer grado y de segundo grado superficial (flictenas en menos del 1 % de la superficie corporal) pueden tratarse en casa. Primera medida: enfriamiento inmediato con agua fría del grifo (15-25 °C) durante al menos 15 minutos; nunca con hielo. Tras el enfriamiento, un apósito hidrocoloide o hidrocelular mantiene la humedad y protege contra la contaminación. Nunca se deben perforar las ampollas. Las rozaduras se tratan como una herida: limpieza con suero fisiológico, antiséptico y, a continuación, una compresa estéril sujeta con una venda de crepé. Se recomienda el uso de gasa no adherente (tule graso o interfaz de silicona) para las heridas muy dolorosas.
Una herida infectada se manifiesta con signos locales: enrojecimiento extenso, calor, edema, pus, olor fétido y costras amarillas que desbordan los bordes. Los signos generales (fiebre, raya roja que asciende hacia el ganglio —linfangitis—) requieren una consulta médica urgente. Las heridas profundas, las mordeduras (humanas o de animales), las heridas sucias de tierra o en pacientes diabéticos o inmunodeprimidos deben evaluarse siempre médicamente; debe comprobarse sistemáticamente el riesgo de tétanos. Una herida que no cicatrice en tres semanas a pesar de los cuidados adecuados requiere una consulta dermatológica.
La prevención de las cicatrices comienza nada más cerrarse la herida. La protección solar (SPF 50+) es imprescindible durante 12 a 18 meses: los rayos UV estimulan la melanogénesis y provocan una hiperpigmentación posinflamatoria duradera. Los geles y parches de silicona (12 horas al día durante 3 a 6 meses) son los tratamientos de referencia validados para reducir la hipertrofia y mejorar la textura. El masaje de la cicatriz (5 minutos al día con una crema rica) favorece la maduración del colágeno. En el caso de queloides o cicatrices hipertróficas resistentes, es imprescindible acudir a una consulta dermatológica. Las quemaduras solares sobre una cicatriz reciente son especialmente perjudiciales y deben evitarse durante el primer año.