Una quemadura solar es una quemadura superficial (de primer grado, a veces de segundo grado superficial) causada por una exposición excesiva a los rayos ultravioleta del sol, sobre todo a los UVB. La reacción inflamatoria aparece entre 4 y 6 horas después de la exposición, alcanza su punto álgido a las 24 horas y remite en un plazo de 4 a 7 días en los casos leves. Las formas más graves se caracterizan por enrojecimiento, sensación de calor, tirantez y, en ocasiones, ampollas. Las personas de piel clara, los niños y quienes toman determinados medicamentos fotosensibilizantes son especialmente vulnerables. Proteger la barrera cutánea mediante una hidratación diaria ayuda a reducir la gravedad de los síntomas.
Existen varias categorías de productos para después del sol que calman la piel expuesta:
Aplicar de 3 a 4 veces al día durante 3 a 5 días, según la intensidad de la quemadura solar.
Existen varios principios activos dermocosméticos que actúan sobre la fase inflamatoria posterior a la exposición. El gel puro dealoe vera (98 %+) proporciona un alivio inmediato, demostrado en quemaduras superficiales. El pantenol (vitamina B5) reestructura y calma la piel quemada. La centella asiática favorece la regeneración tisular.La alantoína y el bisabolol completan el efecto calmante. En casos graves, aplicar una cremade hidrocortisona al 1 % durante un breve periodo (2-3 días, evitando el rostro y los pliegues) bajo consejo médico. Complementar con un tratamiento de vitamina C y vitamina E para favorecer la reparación celular frente al estrés oxidativo.
Las primeras medidas determinan la gravedad de la quemadura solar. Ducha tibia o fresca (no helada) durante 5 a 10 minutos para refrescar la piel. Secar dando suaves toques con una toalla. Pulverizar un poco de agua termal calmante. Aplicar generosamente un gel o una leche para después del sol en todas las zonas expuestas. Beber mucha agua (entre 1,5 y 2 litros en las horas siguientes), ya que la quemadura solar deshidrata. Tomar un analgésico oral si hay dolor (paracetamol o ibuprofeno por su efecto antiinflamatorio). Evitar cualquier nueva exposición al sol durante los 4 a 7 días siguientes. Llevar ropa holgada de algodón suave para limitar el roce sobre la piel sensibilizada.
La piel de los niños es más fina y vulnerable:
Cualquier quemadura extensa o con ampollas en un niño requiere una consulta médica inmediata.
Es imprescindible una fotoprotección rigurosa durante las semanas posteriores a una quemadura solar. Cremas solares minerales con SPF 50 (óxido de zinc, dióxido de titanio), especialmente indicadas para pieles recién quemadas o sensibilizadas. Aplicarlas cada 2 horas y después de cada baño. Ropa con protección UV (UPF 50+), sombrero de ala ancha y gafas de sol. Evitar la exposición al sol en las horas de mayor intensidad (de 10:00 a 16:00). La protección solar también debe aplicarse en días nublados (hasta el 80 % de los rayos UV atraviesan las nubes). Complementar con un tratamiento oral de antioxidantes (carotenoides, vitamina E, selenio) como preparación para el verano, con el fin de reforzar las defensas cutáneas.
Hay varios hábitos comunes que resultan contraproducentes. Aplicar hielo directamente sobre la piel puede provocar una quemadura por frío. Untar mantequilla, aceite, pasta de dientes o yogur retiene el calor y favorece la infección. Pinchar las ampollas antes de las 48 horas expone a una sobreinfección. Volver a exponerse al sol durante la cicatrización agrava la quemadura y favorece la hiperpigmentación postinflamatoria. Frotar con una toalla daña la piel debilitada. Aplicar vinagre concentrado o limón sobre la piel quemada provoca irritación y fotosensibilización. El bicarbonato sódico casero sigue estando contraindicado (su pH alcalino desequilibra de forma duradera el pH fisiológico de la piel, que es de aproximadamente 5,5). Los aceites esenciales puros agravan las irritaciones en la piel quemada.
Se recomienda acudir al médico si: la quemadura solar es extensa (más del 10 % de la superficie corporal), hay numerosas ampollas (2.º grado), fiebre, escalofríos, náuseas, mareos (con insolación asociada), signos de infección en las ampollas (enrojecimiento extenso, pus, fiebre), quemadura solar en niños menores de 3 años, predisposición a la fotosensibilidad (lupus, medicamentos). Las quemaduras solares repetidas a lo largo de la vida aumentan significativamente el riesgo de cáncer de piel (especialmente melanoma); se recomienda un control dermatológico periódico en personas con fototipo claro o con múltiples exposiciones en el pasado.