El sobrepeso se refiere a una acumulación excesiva de masa grasa en relación con una composición corporal saludable. Se mide principalmente mediante el índice de masa corporal (IMC): el peso (kg) dividido por la estatura al cuadrado (m²). Un IMC entre 25 y 29,9 define el sobrepeso; por encima de 30, se habla de obesidad. El IMC sigue siendo una herramienta de detección muy utilizada, pero imperfecta, ya que no distingue entre masa grasa y masa muscular. Otros indicadores complementarios, como la circunferencia de la cintura (superior a 88 cm en las mujeres y a 102 cm en los hombres = riesgo cardiovascular elevado) o la relación cintura-caderas, aportan información más precisa sobre la distribución de la grasa y el riesgo metabólico asociado.
El sobrepeso suele ser el resultado de la interacción de varios factores:
Identificar la causa principal en cada persona es fundamental para adaptar la estrategia de tratamiento.
El sobrepeso aumenta el riesgo de numerosas enfermedades crónicas:
Estos riesgos aumentan de forma no lineal con el IMC y la duración del sobrepeso. La adiposidad visceral (grasa abdominal profunda, medida por la circunferencia de la cintura) es especialmente perjudicial: secreta adipocinas inflamatorias y altera la sensibilidad a la insulina, incluso en personas con un IMC cercano a lo normal.
Los enfoques no farmacológicos constituyen la base de cualquier tratamiento:
Algunos complementos tienen un beneficio adicional documentado: té verde (termogénesis y oxidación de grasas a través de las catequinas), omega-3 (sensibilidad a la insulina y reducción de la inflamación), fibra soluble (saciedad prolongada y regulación de la glucemia). Estos complementos no sustituyen a un cambio en el estilo de vida y deben consultarse con un profesional sanitario en caso de tratamiento farmacológico asociado.
El sobrepeso interfiere en los ejes hormonales reproductivos. En la mujer, altera la ovulación y aumenta el riesgo de síndrome de ovario poliquístico (SOP) y de complicaciones gestacionales (diabetes gestacional, preeclampsia). En los hombres, la conversión periférica de la testosterona en estrógenos por parte del tejido adiposo reduce la calidad del esperma. Una pérdida de peso del 5 al 10 % del peso corporal suele ser suficiente para restablecer un ciclo menstrual regular y mejorar la fertilidad, independientemente de cualquier otra intervención. El tratamiento debe ser multidisciplinar (endocrinólogo, nutricionista y ginecólogo, según el contexto).