El magnesio marino se extrae del agua de mar mediante un proceso de evaporación y concentración, que permite aislar las sales minerales presentes de forma natural en el océano. A diferencia del magnesio sintético (bisglicinato, citrato, óxido), obtenido mediante una reacción química en el laboratorio, el magnesio marino conserva un origen totalmente natural, tal y como afirman los fabricantes, lo que resulta atractivo para los consumidores que buscan productos que se perciban como menos procesados.
La principal diferencia radica en la composición: el magnesio marino se presenta de forma natural como cloruro de magnesio, asociado a una serie de oligoelementos marinos, entre ellos el potasio, mientras que las formas sintéticas aíslan únicamente el magnesio, unido a un compuesto específico elegido para optimizar su tolerancia o su absorción. El magnesio marino suele contener una concentración de magnesio elemental por cápsula inferior a la del bisglicinato, lo que a veces implica tomar más cápsulas para alcanzar una dosis equivalente.
El cloruro de magnesio presenta una biodisponibilidad adecuada, comparable a la de otras sales inorgánicas de magnesio, pero, en general, inferior a la del bisglicinato unido a un aminoácido. Su tolerancia digestiva también varía según las personas: el cloruro puede provocar un efecto laxante más marcado que las formas queladas a dosis equivalentes, un aspecto a tener en cuenta en caso de intestino sensible o de tendencia a la dificultad para conciliar el sueño agravada por molestias digestivas nocturnas.
El agua de mar contiene de forma natural, además del magnesio, calcio, zinc en trazas y muchos otros oligoelementos en cantidades ínfimas. Aunque esta riqueza mineral suele destacarse comercialmente, las cantidades de estos elementos asociados suelen ser demasiado bajas para tener por sí solas un impacto nutricional significativo: el interés del producto radica, ante todo, en su aporte de magnesio.
La calidad de un magnesio marino depende en gran medida de la zona de extracción y del proceso de purificación utilizado por el fabricante, ya que algunas aguas marinas pueden concentrar trazas de metales pesados en función de su origen geográfico. Al igual que con el hierro u otros minerales, dar prioridad a una marca que sea transparente sobre el origen geográfico de su fuente y sobre los controles de pureza realizados constituye un criterio de elección más relevante que la mera mención comercial que figure en el envase.
Al igual que con otras formas de magnesio, en caso de fatiga, nerviosismo o tensiones relacionadas con el estrés, se suele recomendar una cura de entre 4 y 8 semanas con una dosis moderada. Debido a que su concentración de magnesio elemental suele ser menor que la de otras formas, conviene comprobar en la etiqueta la cantidad real de magnesio que aporta cada dosis, en lugar de basarse únicamente en el peso total del producto, que incluye el cloruro y los oligoelementos asociados.
Las precauciones generales relativas al magnesio se aplican plenamente al magnesio marino: las personas con insuficiencia renal deben consultar obligatoriamente a un médico antes de iniciar cualquier suplementación, ya que los riñones se encargan de eliminar el exceso de magnesio y la mayoría de los oligoelementos asociados. En caso de que se produzca un efecto laxante molesto, reducir la dosis o fraccionar la toma a lo largo del día suele permitir mejorar la tolerancia digestiva sin tener que interrumpir el tratamiento.