El zinc es un oligoelemento esencial, cofactor de más de 300 enzimas implicadas en la síntesis de proteínas, la división celular y la regulación del sistema inmunitario. También contribuye al mantenimiento de una piel normal, al funcionamiento cognitivo y a la fertilidad. El zinc mantiene una estrecha relación de equilibrio con el cobre; un exceso prolongado de zinc puede provocar una carencia de cobre debido a la competencia en la absorción intestinal, de ahí la importancia de no superar las dosis recomendadas durante períodos prolongados.
Una carencia de zinc se manifiesta por una cicatrización más lenta, pérdida del gusto o del olfato, mayor sensibilidad a las infecciones y uñas dañadas, con manchas blancas (leuconiquia) o quebradizas. Estos síntomas son poco específicos y pueden deberse a otras causas, por lo que, en caso de duda sobre una posible carencia real, conviene consultar a un médico antes de iniciar cualquier tratamiento prolongado con suplementos.
Varios estudios han evaluado los beneficios del zinc, especialmente en forma de pastillas para chupar, tomado desde los primeros síntomas de un resfriado, con resultados que sugieren una posible reducción de la duración de los síntomas cuando se toma de forma precoz. No obstante, los datos siguen siendo heterogéneos en función de las formas y las dosis estudiadas, y el zinc no sustituye a las medidas de higiene habituales durante el invierno.
El zinc contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario al intervenir en la maduración y la actividad de varios tipos de células inmunitarias. Se suele incluir en los enfoques destinados a reforzar la inmunidad natural, especialmente al acercarse el invierno, como complemento de una alimentación equilibrada y un sueño suficiente, más que como solución aislada.
El zinc participa en la regulación del sebo y de los procesos inflamatorios cutáneos, lo que explica su interés, frecuentemente citado en los tratamientos complementarios contrael acné, especialmente en adolescentes. También contribuye a mantener un crecimiento capilar normal y puede considerarse como tratamiento en caso de caída del cabello asociada a otros signos de carencia, aunque por sí solo no constituye una solución suficiente.
El zinc compite por la absorción con otros minerales, como el hierro o el calcio, cuando se toman simultáneamente en dosis elevadas: es preferible espaciar las tomas unas horas en caso de suplementación combinada. Una suplementación prolongada en dosis elevadas conlleva un riesgo de carencia de cobre y de trastornos digestivos (náuseas), lo que justifica respetar las dosis recomendadas y limitar los tratamientos a unas pocas semanas, salvo indicación médica contraria.