El término «enfermedad» se refiere a cualquier dolencia, trastorno o alteración de la salud que afecte a un órgano, un tejido o al organismo en su conjunto. Una afección puede ser aguda —que aparece de forma repentina y dura poco tiempo, como la gripe o una infección bacteriana— o crónica, que evoluciona lentamente y persiste a largo plazo, como la diabetes oel asma. Los síntomas generales más frecuentes son:
Cualquier síntoma inusual o que persista más allá de unos días justifica una consulta médica para establecer un diagnóstico preciso y adaptar el tratamiento.
Las afecciones se deben a diversos mecanismos, a menudo combinados. Las causas infecciosas (bacterias, virus, hongos, parásitos) están en el origen de numerosas patologías comunes, como la angina, la gastroenteritis o la gripe. Las causas genéticas explican ciertas enfermedades hereditarias, como la fibrosis quística. Las causas autoinmunes se deben a un ataque del sistema inmunitario contra las células sanas del organismo (artritis reumatoide, lupus). Las causas metabólicas, relacionadas con el síndrome metabólico, favorecen la diabetes, la obesidad y la hipercolesterolemia. Las causas ambientales (contaminación, toxinas) y los factores relacionados con el estilo de vida —alimentación desequilibrada, sedentarismo, estrés crónico, tabaquismo— aumentan significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares y de cáncer.
La prevención se basa en hábitos de vida saludables bien documentados. Una alimentación equilibrada, rica en vitaminas y antioxidantes, refuerza el sistema inmunitario: la vitamina C y la vitamina D3 figuran entre los micronutrientes mejor documentados para el funcionamiento normal del sistema inmunitario (declaración de la EFSA). La actividad física regular mejora la circulación sanguínea y reduce el riesgo de enfermedades crónicas, mientras que una buena higiene (lavado de manos, desinfección) limita la propagación de las infecciones comunes.
El control del estrés y un sueño reparador favorecen el equilibrio hormonal general: el bisglicinato de magnesio (300 mg/día) contribuye, en particular, a reducir la fatiga y a mantener el equilibrio nervioso. En lo que respecta a la digestión y al sistema inmunitario, los probióticos favorecen la microbiota intestinal, la primera barrera natural contra numerosas afecciones. La vacunación protege contra ciertas enfermedades graves (gripe, hepatitis, meningitis), y limitar el consumo de tabaco, alcohol y azúcar refinado reduce considerablemente el riesgo de enfermedades cardiovasculares, especialmente las afecciones cardíacas.
El tratamiento de una afección depende de su naturaleza, su gravedad y el perfil del paciente: antibióticos para las infecciones bacterianas, antivirales para ciertas infecciones virales, antiinflamatorios y analgésicos para el dolor, y corticoides para las enfermedades autoinmunes. La fitoterapia, la aromaterapia y las curas termales pueden complementar estos tratamientos en el caso de determinadas afecciones crónicas, especialmente las articulares. La fisioterapia, la psicoterapia o la cirugía completan el arsenal terapéutico en función de las necesidades específicas.
Se recomienda acudir al médico sin demora en caso de síntomas que persistan más de una semana, fiebre alta acompañada de escalofríos y sudores nocturnos, dolores intensos o incapacitantes, trastornos respiratorios, pérdida de peso inexplicable o signos neurológicos (mareos, confusión, trastornos de la memoria): un tratamiento precoz permite evitar complicaciones y optimizar el tratamiento, especialmente en el caso de las afecciones crónicas que requieren un seguimiento a largo plazo.