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Ajo: salud cardiovascular y defensas naturales

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¿Qué es el ajo común?

El ajo común (Allium sativum) es una planta bulbosa de la familia de las amarilidáceas, cultivada desde hace más de 5.000 años por sus usos alimentarios y medicinales. Originaria de Asia Central, se ha impuesto en todas las cocinas del mundo y en todas las farmacopeas tradicionales. Su potencia se debe a un compuesto sulfurado concreto,la alina, que se transforma en alicina activa en cuanto se aplasta el diente. A la alicina se suman numerosos derivados azufrados (ajoeno, vinilditiinas, sulfuro de dialilo), flavonoides y selenio. La Farmacopea Europea y la EMA reconocen su uso en el ámbito cardiovascular.

¿Qué beneficios aporta el ajo en el día a día?

Sus indicaciones tradicionales abarcan varios sistemas:

  • Tratamiento complementario en casos de colesterol elevado;
  • Apoyo al control de la presión arterial en el marco de un estilo de vida adecuado;
  • Efecto sobre la fluidez sanguínea y la circulación;
  • Refuerzo de las defensas inmunitarias durante el invierno;
  • Acción antimicrobiana de amplio espectro (bacteriana, viral y fúngica) documentada in vitro;
  • Aporte de selenio beneficioso para el estado antioxidante.

¿Por qué al triturarlo se libera todo su potencial?

La aliina, presente en el diente intacto, está inactiva. Cuando se machaca, se tritura o se mastica el ajo, una enzima contenida en una célula vecina (la aliinasa) entra en contacto con la aliina y la transforma en alicina, la molécula responsable del olor característico y de la mayoría de sus efectos. Por lo tanto, hay que dejar reposar el ajo machacado durante 10 minutos a temperatura ambiente antes de consumirlo o cocinarlo, ya que el calor desnaturaliza la aliinasa si actúa demasiado rápido. Este sencillo truco optimiza considerablemente el aporte de alicina.

¿Realmente es beneficioso para el corazón y la tensión arterial?

Sí; es la indicación mejor documentada. Varios metaanálisis clínicos han puesto de manifiesto un efecto moderado, pero real, sobre la presión arterial sistólica y diastólica en casos de hipertensión leve, así como una mejora del perfil lipídico (reducción moderada del colesterol total y del LDL). El ajo forma parte de los enfoques naturales para la salud cardiovascular, como complemento de una alimentación adecuada, una actividad física regular y —nunca como sustituto— de un posible tratamiento médico.

¿Qué hay de su acción sobre el sistema inmunitario?

Sus compuestos sulfurados ejercen una acción antimicrobiana e inmunomoduladora, estudiada en las infecciones virales y bacterianas comunes de la zona otorrinolaringológica. El ajo se utiliza como complemento de otras plantas inmunoestimulantes, como el propóleo ola equinácea, especialmente en la prevención de los resfriados invernales. Su eficacia percibida aumenta con la regularidad de su consumo, más que con una toma puntual en plena crisis.

¿Cómo utilizarlo sin que ello afecte a la vida social?

Las formas galénicas permiten elegir según el contexto:

  • Ajo crudo machacado (10 minutos de reposo antes de consumirlo): de 1 a 2 dientes al día, repartidos a ser posible a lo largo del día;
  • Ajo cocido: menos potente en alicina, pero conserva parte de sus beneficios y es más fácil de incorporar a los platos;
  • Cápsulas de extracto seco estandarizado en alicina o ajoeno: de 600 a 1200 mg al día, prácticas para evitar el mal aliento;
  • Ajo negro fermentado: versión suave, dulce, más rica en S-alilcisteína y mejor tolerada;
  • Extracto de ajo envejecido (AGE — Aged Garlic Extract): extracto estandarizado sin olor, clínicamente estudiado;
  • Masticar perejil fresco después de comer para reducir el mal aliento;
  • Tratamiento típico: de 4 a 8 semanas, renovable.

¿Qué precauciones hay que tener en cuenta con el ajo?

  • Anticoagulantes orales y antiagregantes plaquetarios: riesgo hemorrágico potenciado; es imprescindible consultar al farmacéutico;
  • Suspender su consumo entre 7 y 10 días antes de una intervención quirúrgica o un procedimiento invasivo (incluida la extracción dental);
  • Reflujo gastroesofágico, úlcera, gastritis: el ajo crudo puede agravar las molestias;
  • Alergia al ajo o a las amarilidáceas (cebolla, chalota, cebollino): evitar su consumo;
  • Se recomienda precaución en caso de tratamiento con antihipertensivos, hipoglucemiantes o antirretrovirales (posible potenciación del efecto);
  • Mujeres embarazadas o en periodo de lactancia: consumo alimentario normal; evitar los complementos en dosis elevadas;
  • Aplicación cutánea directa: riesgo de quemaduras (fitodermitis); no aplicar nunca ajo crudo entero sobre la piel.

¿Qué plantas se pueden combinar con el ajo?

Las sinergias dependen del objetivo:

  • Omega-3 y coenzima Q10 para el apoyo cardiovascular general;
  • Equinácea, acerola y propóleo para reforzar el sistema inmunitario en invierno;
  • Cebolla y puerro (primos del género Allium) para potenciar el aporte de compuestos azufrados;
  • Ajo silvestre en una cura primaveral, por su perfil similar y más suave;
  • Levadura de arroz rojo o fitoesteroles (consulta con el farmacéutico) para casos de niveles lipídicos elevados;
  • Ginkgo para la microcirculación cerebral, en sinergia.