El propóleo es una resina vegetal que recogen las abejas (Apis mellifera) de los brotes, las cortezas y las plantas circundantes, y que luego transforman mediante sus secreciones salivales y su cera para obtener una masilla que utilizan en la colmena para sellar las grietas y neutralizar los agentes patógenos. Su composición varía según el origen botánico y geográfico: el propóleo marrón de clima templado (Europa, con predominio del álamo) contiene principalmente flavonoides (pinocembrina, galangina) y ésteres fenólicos (CAPE, su principio activo más estudiado); el propóleo verde brasileño (Baccharis dracunculifolia) es rico en artepillina C y en terpenos; el propóleo rojo del Caribe (Dalbergia) contiene isoflavonoides específicos. Los extractos están estandarizados en flavonoides totales para garantizar la reproducibilidad de la actividad biológica. Para reforzar el sistema inmunitario, el propóleo activa los macrófagos y las células NK, y modula la producción de interferones.
Cada forma galénica presenta ventajas específicas para las afecciones otorrinolaringológicas:
Los jarabes de propóleo (combinación de propóleo, miel y plantas como el tomillo, el llantén y el malvavisco) combinan la acción antimicrobiana del propóleo, el efecto calmante de la miel (que forma una película protectora sobre la mucosa faríngea) y las propiedades expectorantes de las plantas asociadas. Se administran de 3 a 5 veces al día, fuera de las comidas, para que la película de propóleo permanezca en contacto prolongado con la mucosa. Las pastillas de propóleo (de disolución lenta) ofrecen entre 10 y 15 minutos de contacto con la mucosa, lo que supone una ventaja frente a las formas líquidas, que se ingieren rápidamente. Estas formas están contraindicadas en personas alérgicas a los productos de la colmena (alergia al polen o a las picaduras de abeja).
Las fórmulas infantiles de propóleo (gotas diluidas sin alcohol, jarabes de baja concentración, pastillas pediátricas) permiten incorporar el propóleo a la rutina preventiva de los niños a partir de los 3 años. El propóleo se utiliza especialmente para prevenir las infecciones otorrinolaringológicas invernales recurrentes (rinofaringitis, otitis) y como refuerzo inmunitario al reincorporarse a la vida en comunidad. También está documentada su acción sobre la fatiga postinfecciosa. En los niños alérgicos al polen o a las picaduras de abejas, el propóleo está contraindicado, ya que el polen forma parte de la composición natural del propóleo crudo y puede desencadenar reacciones en los niños atópicos.
El uso del propóleo en el contexto de la fiebre del heno es controvertido: el propóleo contiene de forma natural polen que puede exacerbar los síntomas alérgicos en personas sensibilizadas. Fuera de las temporadas de polinización, sus flavonoides (quercetina, kaempferol) inhiben la liberación de histamina por parte de los mastocitos in vitro, lo que sugiere un potencial antialérgico subyacente. Se recomienda consultar con un médico antes de cualquier uso en personas propensas a sufrir alergias a los productos apícolas.
El propóleo también se utiliza en medicina veterinaria natural: los tratamientos auriculares con propóleo para perros y gatos (loción ótica con propóleo y caléndula) ejercen una acción antiséptica y antiinflamatoria local sobre las otitis catarrales leves. Los sprays cutáneos purificantes con propóleo se aplican sobre pequeñas heridas, rasguños y zonas irritadas del pelaje. Estas fórmulas veterinarias (Propolia Animaux) están elaboradas sin alcohol para no irritar las mucosas de los animales. En el caso de los gatos (muy sensibles a los compuestos fenólicos de los aceites esenciales), son preferibles las fórmulas a base de propóleo puro sin aceites esenciales. El propóleo combinado con ginseng constituye una sinergia inmunomoduladora natural para las mascotas de edad avanzada o con un sistema inmunológico frágil.