La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel de origen autoinmune, caracterizada por una renovación celular anormalmente acelerada de la epidermis: mientras que un ciclo normal dura unos 28 días, en una persona afectada se reduce a entre 3 y 5 días, lo que provoca la acumulación de células muertas en placas gruesas y escamosas. Esta alteración implica una activación excesiva de los linfocitos T, a través de las vías Th17, IL-17 e IL-23, hoy en día bien caracterizadas y en las que se basan los tratamientos biológicos más recientes. Algunos protocolos tópicos combinan derivados de la vitamina D3 (calcipotriol, calcitriol) con un corticoide, bajo prescripción médica, para frenar esta proliferación celular excesiva.
La psoriasis y el eccema suelen confundirse porque ambos provocan placas rojas, pero sus mecanismos difieren fundamentalmente. El eccema es el resultado de una alteración de la barrera cutánea con un fuerte componente alérgico, mientras que la psoriasis se debe a una aceleración autoinmune de la renovación celular, independiente de cualquier alergia. Las placas de psoriasis suelen estar bien delimitadas, cubiertas de escamas gruesas y blanquecinas que se desprenden fácilmente, un aspecto queel ácido salicílico ayuda a suavizar y a desprender como preparación para un tratamiento tópico, a diferencia del eccema, que supura más en la fase aguda.
La psoriasis en placas (psoriasis vulgar) es la forma más común y afecta preferentemente a los codos, las rodillas, el cuero cabelludo y la zona lumbar. La psoriasis en gotas, más frecuente en niños y adultos jóvenes, se manifiesta mediante pequeñas lesiones diseminadas, a veces desencadenadas por una infección otorrinolaringológica por estreptococos. Existen formas más graves: la psoriasis pustulosa y la psoriasis eritrodérmica, que afectan a una amplia superficie corporal y requieren una atención especializada inmediata debido al riesgo de deshidratación y de complicaciones infecciosas. La cúrcuma se menciona a veces en fitoterapia como apoyo antiinflamatorio complementario, sin sustituir el tratamiento médico de estas formas graves.
Los brotes de psoriasis se ven favorecidos por varios factores bien identificados: el estrés psicológico, ciertas infecciones (en particular las estreptocócicas), los traumatismos cutáneos repetidos (fenómeno de Koebner, en el que una lesión leve desencadena una nueva placa en el mismo lugar), el tabaco, el alcohol y determinados medicamentos (betabloqueantes, litio, antipalúdicos). Identificar los propios factores desencadenantes, a menudo mediante un seguimiento regular de los brotes, ayuda a anticiparlos mejor y a limitar su frecuencia con el paso del tiempo.
Los tratamientos tópicos siguen siendo la base del tratamiento para las formas localizadas: dermocorticoides solos o en combinación fija con un derivado de la vitamina D (productos como Daivobet o Enstilar), siempre con receta médica y siguiendo un esquema de aplicación preciso para evitar los efectos adversos de un uso prolongado. Como complemento, una crema emoliente diaria conavena Rhealba ayuda a reducir la sequedad y las molestias entre las aplicaciones del tratamiento activo, sin sustituirlo en ningún caso.
Cuando los tratamientos locales ya no son suficientes o la superficie afectada es demasiado extensa, la fototerapia UVB de banda estrecha (311 nm), realizada en un centro especializado, constituye una opción eficaz de segunda línea; la exposición solar natural nunca debe sustituir a este protocolo supervisado, y sigue siendo necesaria la protección solar en las zonas no tratadas. Más allá de esto, los tratamientos sistémicos clásicos (metotrexato, ciclosporina, acitretina) y las bioterapias modernas (anti-TNF, anti-IL-17, anti-IL-23, apremilast, deucravacitinib) están reservados a la prescripción especializada, con un estricto seguimiento biológico e infeccioso, sobre todo debido al carácter teratogénico de varias moléculas.
La psoriasis no es una enfermedad exclusivamente cutánea: se acompaña de un mayor riesgo de artritis psoriásica, una afectación articular inflamatoria similar a la espondiloartritis que justifica una consulta reumatológica temprana en caso de dolores articulares asociados. También se han documentado el riesgo cardiovascular, el síndrome metabólico, las enfermedades inflamatorias crónicas intestinales y una mayor prevalencia de depresión, lo que justifica un cribado periódico más allá del mero seguimiento dermatológico.
Una rutina diaria estable, que combine la hidratación sistemática, el control del estrés y un estilo de vida adecuado, contribuye a espaciar los brotes. El magnesio contribuye al funcionamiento normal del sistema nervioso y puede complementar las estrategias de control del estrés en el día a día, además de los tratamientos prescritos. Evitar rascarse o arrancar las escamas a la fuerza limita el riesgo de nuevas lesiones por el fenómeno de Koebner, y un seguimiento dermatológico regular permite ajustar el tratamiento a la evolución de la enfermedad a lo largo del tiempo.