Las micosis son infecciones fúngicas causadas por hongos microscópicos que colonizan los tejidos del cuerpo cuando las condiciones les son favorables: calor, humedad o un sistema inmunitario debilitado. Pueden afectar a la piel, las uñas, las mucosas o el aparato digestivo. Estas infecciones están muy extendidas: se estima que más de mil millones de personas padecen una micosis cutánea o ungueal en algún momento de su vida, lo que las convierte en uno de los tipos de infecciones más comunes del mundo.
Las micosis se presentan en varias formas según su localización. La micosis del pie —o pie de atleta— afecta principalmente a los espacios interdigitales y se caracteriza por descamación y picor.La onicomicosis debilita y decolora las uñas, sobre todo las de los pies. Las candidiasis causadas por Candida albicans afectan a las mucosas —bucales, genitales y digestivas— y a la piel en las zonas de fricción. Cada forma requiere un enfoque terapéutico adaptado a su localización y gravedad.
Tres familias de hongos son responsables de las micosis cutáneas: los dermatofitos, las levaduras (principalmente Candida) y los mohos. Entre los factores que favorecen su aparición se incluyen la humedad cutánea prolongada, el contacto con superficies u objetos contaminados, el uso de ropa o calzado demasiado ajustado y un sistema inmunitario debilitado. Ciertas afecciones de salud —como la diabetes o los tratamientos inmunosupresores— aumentan considerablemente la susceptibilidad a las infecciones fúngicas.
Sí. Las micosis se transmiten por contacto directo con la piel infectada o, indirectamente, a través de superficies contaminadas: suelos de duchas colectivas, colchonetas de gimnasio o calzado compartido. El pie de atleta es especialmente contagioso en piscinas y vestuarios públicos. Tratar rápidamente cualquier infección y adoptar medidas de higiene estrictas —no compartir toallas ni calzado, llevar chanclas en los espacios comunes— limita su propagación.
La prevención se basa en unos sencillos gestos que hay que realizar con regularidad. Secar cuidadosamente las zonas sensibles —entre los dedos de los pies, debajo de los senos, en los pliegues cutáneos— después de la ducha o el baño priva a los hongos de la humedad que necesitan. Dar preferencia a la ropa y la ropa interior de algodón favorece la ventilación de la piel. Cambiarse los calcetines a diario y ventilar el calzado limita la proliferación fúngica. La ingesta regular de probióticos refuerza la microbiota general y fortalece la inmunidad de la mucosa.
El tratamiento depende del tipo y la localización de la infección. Para las micosis superficiales —pie de atleta, intertrigo—, suelen bastar cremas o sprays antimicóticos tópicos. Las micosis vaginales se tratan con óvulos o comprimidos antimicóticos. Las onicomicosis, más resistentes, suelen requerir antifúngicos orales durante varios meses. Es imprescindible completar el tratamiento hasta el final para evitar recidivas, incluso si los síntomas desaparecen antes de que finalice el tratamiento.
Las micosis cutáneas suelen presentar lesiones rojas bien delimitadas con bordes más claros, acompañadas de descamación y, en ocasiones, picor o escozor. Estos signos pueden parecerse a los de una dermatitis de contacto o a los de la psoriasis. Solo un profesional sanitario puede establecer un diagnóstico preciso, que en ocasiones se confirma mediante un cultivo micológico. Nunca se debe tratar una lesión cutánea con una crema antimicótica sin un diagnóstico previo, ya que se corre el riesgo de enmascarar otra patología.
Algunos métodos naturales complementan el tratamiento médico sin sustituirlo. El aceite esencialde árbol de té (tea tree) posee propiedades antifúngicas demostradas y puede aplicarse diluido sobre las zonas cutáneas afectadas. El vinagre de sidra diluido en un baño de pies resulta útil para tratar el pie de atleta. Estos remedios no sustituyen al tratamiento prescrito por un médico, sobre todo en el caso de micosis recurrentes o graves.