La candidiasis es una infección fúngica causada por levaduras del género Candida, de las cuales la Candida albicans es la más frecuente. Esta levadura forma parte de forma natural de la flora microbiana de muchas personas; es su desequilibrio, más que su mera presencia, lo que desencadena la infección. Puede afectar a la piel, a las mucosas (bucal, vaginal) o, con menor frecuencia, a órganos internos en caso de inmunodepresión grave. Los síntomas varían según la localización: picor, enrojecimiento y erupciones cutáneas en las formas superficiales; fiebre y malestar general en las formas sistémicas, más raras y graves, que requieren tratamiento hospitalario.
La candidiasis se debe principalmente a un desequilibrio de la flora intestinal o a una inmunodepresión. Hay varios factores que favorecen este desequilibrio:
El diagnóstico se basa en la exploración clínica de los síntomas, complementada con un cultivo de las muestras en caso de duda, o con análisis de sangre para las formas sistémicas; la precisión del diagnóstico condiciona directamente la eficacia del tratamiento elegido.
El tratamiento médico depende de la localización y la gravedad: cremas u óvulos antimicóticos para las infecciones fúngicas superficiales, y tratamiento oral o intravenoso para las formas sistémicas más graves. Como complemento, y siempre bajo supervisión médica, existen varios enfoques naturales que favorecen el equilibrio de la flora:
La prevención de las recidivas —frecuentes en personas inmunodeprimidas o expuestas a factores de riesgo repetidos— se basa en mantener una buena higiene, controlar el estrés y evitar el uso excesivo de antibióticos siempre que sea médicamente posible.
Las formas genitales de la candidiasis pueden transmitirse por contacto sexual, aunque la transmisión sigue siendo compleja, ya que la Candida forma parte de la flora normal de muchas personas sin causar infección. Compartir objetos personales (toallas) que entran en contacto con las zonas infectadas también constituye un factor de riesgo. Los lactantes son especialmente propensos a desarrollar candidiasis oral debido a la inmadurez de su sistema inmunitario, y el ambiente húmedo de los pañales favorece las candidiasis cutáneas en el bebé; un cambio frecuente de pañales y una higiene cuidadosa limitan su aparición.
Durante el embarazo, los cambios hormonales suelen favorecer la candidiasis vaginal —por lo general, inofensiva para el feto, pero que requiere un tratamiento adecuado, ya que el bebé puede estar expuesto a la Candida durante el parto—. El seguimiento médico durante el embarazo y en el recién nacido permite anticipar y tratar estas infecciones de forma adecuada.