La menstruación es el sangrado mensual que se produce como consecuencia de la descamación de la mucosa uterina (endometrio) cuando no se produce la fecundación. El ciclo medio dura 28 días, pero una duración comprendida entre 21 y 35 días se considera fisiológicamente normal. Se divide en cuatro fases: menstrual, folicular, ovulatoria y lútea. Dos hormonas ováricas coordinan este mecanismo: los estrógenos, que construyen el endometrio en la primera parte del ciclo, y la progesterona, que lo prepara para acoger un embrión en la segunda parte. Su caída conjunta desencadena la menstruación si no se ha producido ningún embarazo.
Los síntomas varían según las personas y los ciclos, pero hay varios que son frecuentes:
Los síntomas muy intensos pueden indicar una dismenorrea grave o una patología subyacente, como la endometriosis, por lo que conviene acudir al médico.
Existen varias estrategias no farmacológicas que alivian los cólicos:
En caso de dolores intensos y persistentes, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) siguen siendo el tratamiento de referencia, que deben tomarse al inicio del sangrado según las recomendaciones médicas.
Es normal que haya cierta variabilidad, sobre todo tras dejar de tomar anticonceptivos o durante periodos de estrés intenso. Sin embargo, los ciclos que duran habitualmente menos de 21 días o más de 35 días, o la ausencia de menstruación durante varios meses (amenorrea), justifican una evaluación médica. Entre las causas frecuentes se encuentran:
Un análisis hormonal (FSH, LH, prolactina, TSH, AMH) y una ecografía pélvica suelen permitir identificar la causa y adaptar el tratamiento. No esperes más de tres ciclos anormales consecutivos antes de acudir al médico.
La ovulación, que suele producirse alrededor del día 14 de un ciclo de 28 días, constituye la ventana de máxima fertilidad. Existen varios signos que permiten detectarla: cambios en el moco cervical (más viscoso y transparente), un ligero aumento de la temperatura basal y, en ocasiones, dolor lateral (mittelschmerz). Los anticonceptivos hormonales actúan precisamente suprimiendo o bloqueando la ovulación, lo que puede modificar el perfil de la menstruación, haciéndola más ligera, menos dolorosa o incluso ausente.
La menopausia marca el cese definitivo de la menstruación, que se confirma tras 12 meses consecutivos sin menstruación. La perimenopausia que la precede puede durar varios años, con ciclos irregulares, flujos variables y síntomas climatéricos (sofocos, trastornos del sueño). La alimentación desempeña un papel de apoyo a lo largo de toda la vida menstrual: un aporte suficiente de hierro compensa las pérdidas de sangre, mientras que los alimentos ricos en antioxidantes y ácidos grasos esenciales limitan la inflamación subyacente que agrava los calambres. Durante la menopausia, la atención se centra en el calcio y la vitamina D para preservar la densidad ósea, así como en los fitoestrógenos procedentes de las legumbres para aliviar los síntomas de la menopausia, siempre bajo supervisión médica.