La inflamación crónica es una respuesta inmunitaria de baja intensidad pero persistente —a veces denominada «inflamación de bajo grado» o «low-grade inflammation»— que se instala sin una causa aguda identificable y se mantiene durante meses o incluso años. A diferencia de la inflamación aguda (una reacción protectora y temporal tras una lesión o una infección, que normalmente se resuelve en unos días), la inflamación crónica es insidiosa: no provoca los cuatro signos cardinales clásicos (enrojecimiento, calor, hinchazón, dolor localizado), pero genera un estado proinflamatorio sistémico discreto, clínicamente invisible pero biológicamente medible. Los complementos antiinflamatorios naturales para la inflamación crónica están disponibles en las secciones de «dolores articulares» y «vitaminas y minerales» de la tienda.
La inflamación crónica de bajo grado se reconoce hoy en día como un factor central en la fisiopatología de numerosas enfermedades crónicas modernas: enfermedades cardiovasculares (aterosclerosis —la placa de ateroma es una lesión inflamatoria—), diabetes tipo 2 (resistencia a la insulina mediada por citocinas proinflamatorias), artrosis (degradación inflamatoria del cartílago), enfermedades neurodegenerativas (enfermedad de Alzheimer —neuroinflamación crónica), la obesidad (el tejido adiposo visceral es en sí mismo secretor de citocinas proinflamatorias) y ciertos tipos de cáncer. Por lo tanto, comprenderla y prevenirla es un aspecto fundamental de la salud preventiva. Véase la página «Estados inflamatorios» para conocer las formas clínicas.
La medicina moderna identifica varias categorías principales de factores proinflamatorios crónicos, a menudo acumulativos:
La dieta mediterránea es la mejor validada para reducir la inflamación crónica a largo plazo: abundancia de verduras y frutas de colores (polifenoles antioxidantes), aceite de oliva virgen extra (oleocanthal — inhibidor natural de la COX), pescado azul de 2 a 3 veces por semana (EPA-DHA — alegación de la EFSA), legumbres, frutos secos y reducción de los alimentos ultraprocesados. Los omega-3 EPA-DHA (de 1 a 3 g al día) son los complementos antiinflamatorios crónicos mejor documentados: son precursores de las resolvinas y las protectinas, que favorecen la resolución de la inflamación. La cúrcuma (curcumina estandarizada + piperina —inhibidor de NF-κB, TNF-α e IL-6) y la boswellia (ácidos boswélicos — inhibidor de la 5-LOX) constituyen la combinación fitoterapéutica de referencia para los dolores articulares crónicos. El jengibre (inhibidor de la COX y la LOX) y los probióticos (restauración de la microbiota — barrera intestinal) completan este enfoque. Estos complementos favorecen un estilo de vida antiinflamatorio, pero no sustituyen al tratamiento médico de las enfermedades inflamatorias diagnosticadas.