Un estado inflamatorio es una reacción de defensa del organismo ante una agresión —una infección, una lesión, un cuerpo extraño o una enfermedad autoinmune—. La inflamación es fisiológicamente necesaria: permite limitar los daños, eliminar el agente agresor e iniciar la reparación tisular. Se convierte en patológica cuando se prolonga o se intensifica. Los complementos antiinflamatorios naturales están disponibles en las secciones de «dolores articulares» y «vitaminas y minerales » de la tienda.
La inflamación aguda se manifiesta mediante los cuatro signos clásicos —enrojecimiento, calor, hinchazón y dolor—, a los que se suma una limitación funcional. Es local, intensa y se resuelve en unos días o unas semanas al tratar la causa. La inflamación crónica es más insidiosa: de baja intensidad pero persistente, provoca lesiones tisulares progresivas y subyace a numerosas enfermedades crónicas —enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, artrosis, enfermedades inflamatorias intestinales, enfermedades autoinmunes—. El estrés crónico (a través del cortisol), la obesidad abdominal (tejido adiposo proinflamatorio), el tabaquismo y una alimentación ultraprocesada son los principales factores que potencian la inflamación crónica silenciosa.
El análisis biológico de la inflamación se basa en varios marcadores cuya interpretación debe realizarse siempre en su contexto y a cargo de un médico:
La alimentación antiinflamatoria es una de las estrategias más eficaces y mejor documentadas para reducir la inflamación de bajo grado. Se basa en la dieta mediterránea: abundancia de frutas, verduras de colores (polifenoles, carotenoides), aceite de oliva virgen extra (oleocanthal anti-COX), pescado azul de 2 a 3 veces por semana (EPA-DHA — precursores de las resolvinas), legumbres, frutos secos — junto con una reducción de las grasas saturadas, los azúcares refinados y los alimentos ultraprocesados. La actividad física moderada (150 minutos a la semana, según la OMS) reduce directamente los niveles de citocinas proinflamatorias circulantes.
En cuanto a los complementos antiinflamatorios naturales, la cúrcuma (curcumina estandarizada + piperina —inhibidora de NF-κB y de las citocinas TNF-α/IL-6) es el principio activo mejor documentado, eficaz en la artrosis y las enfermedades inflamatorias intestinales. La boswellia (ácidos boswélicos, inhibidores de la 5-LOX) complementa la acción de la cúrcuma por una vía diferente a la de los AINE, con una buena tolerancia digestiva. Los omega-3 EPA-DHA (de 1 a 3 g/día — alegación de la EFSA), precursores de las resolvinas, favorecen la resolución de la inflamación crónica. El jengibre (inhibidor de las vías COX y LOX) y los probióticos (modulación de la microbiota intestinal —el 70 % del sistema inmunitario—) completan el arsenal natural. Estos complementos favorecen un estilo de vida saludable, pero no sustituyen a los tratamientos médicos recetados para las enfermedades inflamatorias diagnosticadas.