El cabello quebradizo se rompe fácilmente a lo largo de toda su longitud, lo que indica una falta de hidratación y nutrición de la fibra capilar. Esta fragilidad tiene varios orígenes que se combinan: los tratamientos químicos (tintes, alisados), el uso frecuentede aparatos térmicos (secador, plancha alisadora, rizador) y las agresiones ambientales (sol, viento, contaminación) que deterioran la cutícula. Una alimentación desequilibrada, pobre en vitaminas y minerales esenciales, también debilita la fibra desde el interior. Desde el punto de vista mecánico, cuando la cutícula protectora se desgasta, la fibra pierde su elasticidad y se rompe de golpe ante la más mínima tensión. Comprender estas causas permite reducirlas de forma preventiva. A diferencia de las puntas abiertas (que se parten en las puntas), el cabello quebradizo se rompe en cualquier punto. Una rutina de cuidado capilar suave y nutritiva es la respuesta adecuada.
Para prevenir la rotura, es necesario seguir una rutina suave e hidratante:
Estos nutrientes favorecen la calidad de la fibra capilar y su elasticidad. La constancia en estos buenos hábitos, más que los tratamientos puntuales, refuerza de forma duradera la resistencia del cabello.
Los cuidados para el cabello quebradizo varían según la gravedad de la rotura. Las mascarillas recubridoras, aplicadas con regularidad, mejoran el aspecto y la resistencia de la fibra capilar y alisan las puntas: a menudo contienen proteínas, ceramidas y aminoácidos que mejoran el aspecto del cabello debilitado, aunque sin «reconstruir» una fibra dañada estructuralmente, ya que el cabello es un tejido muerto. Los aceites vegetales, como el de coco o el de jojoba, nutren en profundidad los largos secos y quebradizos, reteniendo la hidratación y protegiéndolos de las agresiones. Para elegir bien, busca productos formulados específicamente para el cabello dañado o seco, que contengan principios activos hidratantes y envolventes (proteínas vegetales, ceramidas, antioxidantes). Importante: alternar los tratamientos proteínicos (fuerza) y los hidratantes (flexibilidad), ya que un exceso de proteínas puede hacer que el cabello se vuelva rígido y, paradójicamente, más quebradizo. Es el equilibrio entre ambos lo que realmente hace que la fibra sea más resistente a la rotura.
La queratina es la proteína fibrosa que constituye la estructura principal del cabello: le confiere su resistencia y elasticidad. Cuando esta estructura se ve alterada por las agresiones, el cabello pierde su solidez y se vuelve quebradizo. Los productos a base de queratina ayudan a recubrir la capa externa del cabello, rellenando temporalmente las zonas dañadas de la cutícula y haciendo que la fibra sea más lisa, más flexible y menos propensa a romperse bajo el efecto del estrés mecánico o químico. Sin embargo, hay que matizar: estos tratamientos mejoran el aspecto y el comportamiento de la fibra en la superficie, pero no «reconstruyen» realmente la queratina interna de un cabello muerto. No obstante, incorporar tratamientos con queratina a la rutina sigue siendo beneficioso para mejorar el aspecto y reducir la rotura. Nota: hay que tener cuidado con los tratamientos alisadores de tipo queratina que se realizan en peluquería, ya que algunos pueden contener formaldehído, una sustancia regulada (límite del 0,2 % en la UE); comprueba la composición.
El cepillado puede prevenir o provocar la rotura. Un cepillado suave, con un cepillo de cerdas flexibles y naturales, distribuye el sebo protector desde las raíces hasta las puntas, lo que hidrata y reduce la rotura. Sin embargo, un cepillado demasiado enérgico, sobre todo en el cabello mojado (más vulnerable), provoca una rotura importante. Es mejor desenredarlo con un peine de púas anchas bajo la ducha, con el cabello acondicionado. La calidad del agua también es importante: el agua dura, rica en calcio y magnesio, deja residuos que apelmazan, apagan el brillo y debilitan el cabello. Un filtro de ducha reduce esta dureza y protege la fibra capilar de la acumulación de minerales. Por último, terminar el lavado conagua fría cierra las cutículas, lo que hace que el cabello quede más liso, más brillante y menos propenso a la rotura. Estos sencillos ajustes —una técnica de cepillado adecuada, agua de mejor calidad— limitan en el día a día las agresiones mecánicas que debilitan y rompen la fibra capilar.
El estrés puede afectar a la salud del cabello: altera el ciclo de crecimiento y puede provocar un adelgazamiento y una mayor rotura. A veces también favorece comportamientos nocivos como rascarse el cuero cabelludo o la tricotilomanía (arrancarse el pelo de forma compulsiva), que dañan la fibra capilar —este último trastorno requiere un tratamiento especializado—. Por lo tanto, controlar el estrés mediante la relajación y actividades tranquilizadoras contribuye a la salud capilar. En cuanto a la nutrición, las proteínas son fundamentales (ya que el cabello está compuesto de queratina), al igual que las vitaminas del grupo B, incluida la biotina, el zinc, el hierro y la vitamina C; la biotina y el zinc contribuyen al mantenimiento de un cabello normal, el hierro ayuda a reducir la fatiga y la vitamina C favorece la formación normal de colágeno. Una alimentación equilibrada suele cubrir estas necesidades; los complementos solo se justifican en caso de carencia demostrada. Si la rotura va acompañada de una caída marcada, se recomienda consultar a un médico.