El cuidado del cabello comienza por identificar con precisión su perfil capilar: tipo de cabello (fino, grueso, normal), naturaleza del cuero cabelludo (graso, seco, sensible, propenso a la caspa), estado de la fibra capilar (sano, teñido, decolorado, dañado) y forma natural (liso, ondulado, rizado, crespo). Cada perfil requiere principios activos y una rutina adaptados: un tratamiento pensado para cabellos finos y grasos puede apelmazar los cabellos gruesos y secos. Los cabellos teñidos o decolorados tienen una mayor porosidad y requieren cuidados específicos para preservar el color y reparar la queratina dañada.
El cabello teñido sufre una oxidación química que debilita su estructura queratínica: la cutícula es más porosa y el color se oxida progresivamente al entrar en contacto con el aire, el agua y el sol. Los cuidados imprescindibles para el cabello teñido son: un champú sin sulfatos (SLS/SLES) para preservar los pigmentos, un acondicionador estructurante para cerrar las escamas y una mascarilla queratinizante semanal para restaurar la fibra capilar. La queratina hidrolizada, el aloe vera (filmógeno y cicatrizante) y el aceite de higo chumbo (rico en ácido linoleico) son los principios activos de referencia. Los pigmentos violetas de los champús antiamarilleamiento neutralizan la oxidación amarillenta de los rubios y los blancos mediante la complementariedad cromática.
El cabello blanco y canoso ya no tiene melanina; es estructuralmente más poroso, a menudo más seco, y tiende a amarillear al entrar en contacto con la contaminación, el tabaco, los rayos UV o el agua con cal. Los productos «silver» (champús y mascarillas con pigmentos azul-violetas) neutralizan los reflejos amarillentos; deben utilizarse de 1 a 2 veces por semana, ya que un uso excesivo puede dar un tono azulado al cabello. Los tratamientos estructurantes sin pigmentos (queratina, higo chumbo, proteínas de seda) se utilizan el resto de días para nutrir y suavizar sin alterar el tono. A menudo resulta útil un champú redensificante para compensar el adelgazamiento natural del cabello canoso con la edad.
El pelo rizado tiene una estructura elíptica que lo hace naturalmente más seco: al sebo le cuesta descender por los rizos. Su cuidado sigue el método Curly Girl:
Los champús ecológicos sin sulfatos son especialmente adecuados para este tipo de cabello.
La prevención de la fragilidad se basa en unos hábitos diarios adecuados: desenredar solo el cabello mojado con acondicionador, limitar el uso de aparatos de calor (120-180 °C como máximo con protección térmica), protegerlo del sol con un aceite capilar con filtro UV y evitar los recogidos demasiado apretados (riesgo de tracción en el bulbo piloso). Un champú adaptado a la frecuencia de lavado y al perfil capilar, combinado con un acondicionador de uso sistemático, es la base para una cabellera sana. La alopecia androgenética es distinta de la caída del cabello por fragilidad; requiere un tratamiento farmacológico específico y un seguimiento dermatológico.