El aceite de jojoba es, en realidad, una cera líquida que se extrae de las semillas de la jojoba (Simmondsia chinensis), un arbusto de los desiertos de América del Norte. Su particularidad radica en que su composición en ésteres de cera es muy similar a la del sebo humano, lo que explica su rápida penetración sin dejar una película grasa y su excelente tolerancia. Rico en omega-9, vitamina E y antioxidantes, es uno de los aceites cosméticos más versátiles, junto conel de argán y el de macadamia. Su índice comedogénico muy bajo (de 0 a 2) lo hace adecuado para todo tipo de pieles, incluidas las con imperfecciones.
Aunque parezca contradictorio, el aceite de jojoba es el de referencia para las pieles grasas, mixtas y con tendencia al acné:
En el caso de las pieles mixtas, una aplicación localizada en las zonas secas preserva el equilibrio de la barrera cutánea.
Para las pieles secas, sensibles y maduras, la jojoba aporta confort y flexibilidad. Rica en vitamina E con propiedades antioxidantes, ayuda a proteger la piel de las agresiones externas (frío, viento, contaminación) y favorece el confort de las pieles que presentan tirantez. Aplicar unas gotas por la mañana y por la noche sobre la piel limpia, sola o mezclada con la crema habitual para potenciar su efecto nutritivo. En las pieles maduras, puede servir de base para los sérums antioxidantes en la rutina nocturna. Su textura ligera no deja una película grasa y es apta para su uso diario debajo del maquillaje.
La jojoba se adapta a todo tipo de cabello. Para el cabello seco y dañado, utilízala como baño de aceite antes del champú en los largos y las puntas, entre 30 minutos y 1 hora antes del lavado. Para el cabello graso, su acción equilibrante sobre el cuero cabelludo lo convierte en un aliado inesperado: una pequeña cantidad aplicada con un masaje en el cuero cabelludo ayuda a regular el exceso de sebo. Como tratamiento sin aclarado, de 1 a 2 gotas en las puntas doman el encrespamiento y aportan brillo sin apelmazar. Su ligereza lo hace adecuado incluso para el cabello fino. Unas gotas añadidas al champú o a la mascarilla refuerzan el efecto protector. La jojoba también protege la fibra capilar del calor de los aparatos de peinado.
La jojoba es un excelente desmaquillante natural: disuelve suavemente el maquillaje, incluso el resistente al agua, respetando al mismo tiempo la película hidrolipídica. Aplica unas gotas en un disco de algodón o directamente sobre el rostro, masajea y retira. Su suavidad la hace adecuada para el contorno de los ojos, una zona sensible. Unas gotas en las pestañas pueden complementar una rutina destinada a conseguir unas pestañas más largas. Para el cuidado masculino, la jojoba es ideal como aceite para la barba: suaviza el vello, hidrata la piel debajo de la barba y reduce el picor y la sensación de tirantez. Como tratamiento para después del afeitado, calma las irritaciones y las rojeces provocadas por el afeitado.
La jojoba se utiliza mediante un masaje diario en las zonas propensas a las estrías (abdomen, caderas, muslos, pecho), especialmente durante el embarazo o los cambios de peso, para suavizar y mantener el bienestar de la piel. Su aplicación regular mediante masaje favorece la elasticidad cutánea. En las zonas secas y ásperas (codos, rodillas, talones), proporciona un confort duradero con una aplicación localizada. Puede servir como base neutra para diluir aceites esenciales en mezclas sinérgicas para masajes relajantes. En la piel después de la depilación, calma las rojeces y suaviza la textura cutánea. Se recomienda realizar una prueba en el pliegue del codo durante 48 horas, aunque el jojoba sea uno de los aceites mejor tolerados.
El aceite de jojoba se tolera excepcionalmente bien y es adecuado para todo tipo de pieles, sin riesgo de irritación ni alergia conocida en la gran mayoría de los casos. No obstante, conviene tomar algunas precauciones sencillas. Se recomienda realizar una prueba en el pliegue del codo durante 48 horas antes del primer uso, para descartar una reacción individual poco frecuente. El aceite de jojoba no está destinado al consumo alimentario: aunque no es tóxico en pequeñas dosis, no se metaboliza como un aceite comestible y no debe ingerirse en grandes cantidades. Debe conservarse protegido de la luz y del calor para preservar sus propiedades. Su gran estabilidad oxidativa (debida a su naturaleza de cera líquida) le confiere una larga vida útil, superior a la de la mayoría de los aceites vegetales convencionales. Es apto para mujeres embarazadas, en periodo de lactancia y para la piel de los bebés, en uso cosmético externo.
Hay varios criterios que permiten identificar un aceite de calidad. La indicación «primera presión en frío» garantiza la conservación de los principios activos sensibles al calor. La etiqueta Bio AB o Ecocert asegura la ausencia de residuos de pesticidas. La indicación «100 % puro, virgen y sin refinar» es esencial para un uso cosmético óptimo. El color dorado caracteriza a un aceite virgen de calidad (el aceite refinado es incoloro y está empobrecido en principios activos).
La textura fluida y la ausencia de un olor fuerte son indicativos de un aceite fresco.El origen trazable (América del Norte, Argentina, Israel, Perú) es una garantía de calidad. El envase en frasco de vidrio opaco o ámbar protege del deterioro causado por la luz.