¿Qué es el resfriado del bebé?
El resfriado del bebé, también llamado rinofaringitis, es una infección viral muy frecuente de las vías respiratorias superiores. Aunque suele ser benigno, es incluso la primera infección a la que debe enfrentarse el sistema inmunitario del niño, que aún se está desarrollando. Un bebé puede sufrir entre 6 y 10 episodios de resfriado al año, sobre todo entre los 6 meses y los 3 años de edad, y especialmente en entornos colectivos (guarderías, centros de cuidado infantil).
Más de 200 virus diferentes (principalmente rinovirus) pueden ser los responsables, lo que explica la frecuencia de las recidivas. La transmisión se produce a través de las gotículas que se expulsan al toser o estornudar, y por contacto directo con manos u objetos contaminados. La duración habitual de un resfriado es de 7 a 10 días, con una mejoría progresiva. Existen recursos complementarios sobre los bebés y los resfriados en general.
¿Qué síntomas hay que tener en cuenta?
Hay varios signos característicos que permiten identificar un resfriado en un bebé:
- Secreción nasal clara al principio y luego espesa y amarillenta, a veces verdosa
- Nariz taponada que dificulta la respiración nasal
- Estornudos repetidos
- Tos leve de garganta o refleja (secreción posterior)
- Fiebre moderada (rara vez superior a 38,5 °C) o subfebril
- Irritabilidad, llanto más frecuente
- Trastornos del sueño relacionados con las dificultades respiratorias
- Dificultades para alimentarse: tomas más cortas, rechazo del biberón debido a la dificultad respiratoria
- Ojos llorosos en ocasiones
- El bebé está más cansado y menos activo
El resfriado no impide que el bebé se encuentre bien en general: sigue sonriendo entre los episodios de molestias, juega, interactúa y mantiene su tono muscular. Un deterioro notable del estado general siempre justifica una consulta médica, especialmente en el caso de los lactantes menores de 3 meses.
¿Cómo aliviar al bebé en el día a día?
Hay varios gestos sencillos que alivian eficazmente:
- Lavar la nariz regularmente con suero fisiológico en monodosis, varias veces al día, sobre todo antes de las tomas y a la hora de acostarse
- Aspirador nasal (manual o eléctrico) tras el suero fisiológico para eliminar las secreciones
- Humidificación del aire ambiente: humidificador de vapor frío o un paño húmedo sobre el radiador
- Temperatura moderadaen la habitación, entre 18 y 20 °C
- Hidratación regular: mantener las tomas a demanda; ofrecer agua sin gas con mayor frecuencia a los niños que ya comen sólidos
- Cabeza ligeramente elevada en posición supina (colchón en plano inclinado) para facilitar la respiración, sin cojín debajo del bebé
- Tomas más cortas pero más frecuentes en caso de dificultad respiratoria
- Descanso prolongado, pocas salidas y estímulos
- Abrazos y porteo tranquilizadores en caso de malestar
El lavado nasal es la medida fundamental: despeja las vías respiratorias y facilita la respiración, la alimentación y el sueño. Debe realizarse con paciencia y delicadeza, tumbando al bebé de lado e instilando de 1 a 2 ml de suero fisiológico en la fosa nasal superior. Existen recursos específicos sobre el suero fisiológico, el aspirador nasal y el lavado nasal en general.
¿Qué medicamentos se pueden utilizar?
Los medicamentos contra el resfriado deben utilizarse con mucha precaución en los lactantes:
- Paracetamol pediátrico en caso de fiebre superior a 38,5 °C o malestar acusado, respetando la posología según el peso y el intervalo entre tomas
- El ibuprofeno no se recomienda antes de los 3 meses y debe utilizarse con precaución en los lactantes bajo consejo médico
- Descongestionantes nasales (orales o en spray): estrictamente contraindicados antes de los 15 años según las recomendaciones de la ANSM (riesgos cardiovasculares graves)
- Antitusivos con codeína: estrictamente contraindicados antes de los 12 años (riesgo de depresión respiratoria)
- Jarabes para la tos (mucolíticos, fluidificantes): se ha demostrado que tienen poca eficacia; no se recomiendan antes de los 2 años
- Antibióticos: inútiles en el resfriado viral; deben reservarse para las sobreinfecciones bacterianas documentadas y bajo prescripción médica
- Aceites esenciales aromáticos: no se recomienda su aplicación directa en lactantes, riesgo neurotóxico
- Alcanfor, mentol y eucalipto en bálsamos descongestionantes: deben evitarse antes de los 30 meses
Entre los remedios naturales que se pueden utilizar con precaución se incluyen: suero fisiológico, agua de mar hipertónica bajo consejo farmacéutico para bebés más mayores, humidificación ambiental y propóleo en una forma adaptada para niños bajo consejo farmacéutico. Cualquier medicamento para lactantes requiere el asesoramiento previo de un farmacéutico o un médico. Para la fiebre y la congestión nasal en general, existen recursos específicos.
¿Cuándo hay que acudir al médico?
Hay varias situaciones que justifican una consulta pediátrica inmediata:
- Lactantes menores de 3 meses con cualquier tipo de fiebre (superior a 38 °C): consulta imprescindible
- Fiebre superior a 38,5 °C que persista más de 48 horas
- Dificultades respiratorias: respiración rápida, sibilante, ruido anormal, retracción intercostal, aleteo nasal
- Apneas (pausas respiratorias)
- Coloración azulada de los labios o la cara
- Rechazo persistente a la alimentación o disminución significativa de la ingesta de leche
- Signos de deshidratación: menos pañales mojados, fontanela hundida, boca seca, somnolencia
- Letargo, hipotonía, somnolencia inusual
- Llanto muy intenso e inconsolable
- Sospecha deotalgia (dolor de oídos)
- Empeoramiento tras una mejoría inicial (sospecha de sobreinfección bacteriana)
- Persistencia más allá de 10 a 14 días sin mejoría
La bronquiolitis, frecuente en los lactantes durante la temporada de invierno, puede comenzar como un resfriado y evolucionar hacia una afectación de los bronquios con sibilancias: es imprescindible acudir al médico tan pronto como aparezcan signos respiratorios inusuales. En caso de dificultad respiratoria grave, llame al 15 o al 112.
¿Cómo prevenir el resfriado?
Hay varias medidas sencillas que reducen la frecuencia de los resfriados en los bebés:
- Lavado de manos sistemático y minucioso de los padres y familiares antes de cualquier contacto
- Mañiques desechables de un solo uso, seguidos de un lavado de manos
- Ventilación diaria de las habitaciones, al menos entre 10 y 15 minutos dos veces al día
- Limpieza regular de las superficies que se tocan (juguetes, pomos, tableros de juego)
- Limitar el contacto con personas resfriadas, especialmente en el caso de los bebés menores de 3 meses
- No dar besos en la cara ni compartir cubiertos durante los periodos de propagación viral
- Evitar el tabaquismo pasivo, que debilita las vías respiratorias
- Lactancia materna, que aporta anticuerpos protectores
- Vitamina D3 según prescripción pediátrica (de 400 a 800 UI al día, con efectos reconocidos de refuerzo inmunitario)
- Vacunas al día (calendario oficial de vacunación)
- Sueño suficiente y hábitos de vida saludables en general
Para la prevención del resfriado, la vitamina D3 y el refuerzo de la inmunidad natural en general, existen recursos específicos.
¿Cómo adaptar la alimentación y el sueño?
Hay varios cambios que favorecen la recuperación del bebé:
- Prioridad a la hidratación: seguir con las tomas a demanda, ofrecer biberones con más frecuencia y en cantidades más pequeñas, y agua sin gas como complemento en el caso de los niños que ya comen alimentos sólidos
- Limpieza nasal antes de cada comida para facilitar la ingesta de alimentos
- Comidas más frecuentes y más cortas en caso de molestias respiratorias
- Alimentos fáciles de comer para los niños que ya comen sólidos: compotas, purés tibios, sopas suaves
- Vitamina C de origen alimentario a través de fruta fresca (kiwi, naranja, fresa) a partir de la introducción de alimentos sólidos
- Respetarel sueño prolongado: no despertar al niño para darle el biberón, salvo que sea necesario
- Postura semirrecta para las siestas en caso de congestión nasal grave
- Ambiente tranquilo por la noche para facilitar el sueño
- Presencia tranquilizadora de los padres a la hora de acostarse
La alimentación habitual se reanuda en cuanto mejore el estado del niño. Si se está dando el pecho, se mantiene con especial cuidado: aporta hidratación, nutrientes y anticuerpos. Existen recursos específicos para la tos infantil y el sueño del niño en general. Su farmacéutico titular sigue siendo un interlocutor valioso para orientar los cuidados, aconsejar sobre los productos adecuados para la edad y reconocer los signos que requieren una consulta, como complemento al seguimiento pediátrico habitual.