El sueño de los niños desempeña un papel fundamental en su desarrollo físico, cognitivo y emocional. Es durante las fases de sueño profundo cuando se libera la hormona del crecimiento, mientras que el sueño REM favorece la consolidación de la memoria y de lo aprendido durante el día. Las necesidades varían mucho según la edad: entre 11 y 14 horas para un niño de 1 a 2 años, entre 10 y 13 horas de 3 a 5 años, y entre 9 y 11 horas de 6 a 12 años, incluidas las siestas, si las hay. Una alimentación equilibrada y un aporte suficiente de vitaminas adecuadas para el niño favorecen este desarrollo global, como complemento de un sueño de calidad.
Las dificultades para dormir en los niños pueden adoptar diversas formas: resistencia a irse a la cama, despertares nocturnos frecuentes, terrores nocturnos (que se producen al principio de la noche, sin recuerdo al despertar) o pesadillas (más frecuentes en la segunda parte de la noche, con un recuerdo preciso). Estos síntomas suelen ser transitorios y están relacionados con la maduración del sistema nervioso, con un cambio de ritmo o con una fuente de ansiedad pasajera (vuelta al colegio, separación, acontecimientos que generan ansiedad). Una infusión suave de manzanilla antes de acostarse suele ser la primera solución natural que se propone ante estos episodios puntuales.
Un ritual para irse a dormir regular y predecible es la herramienta más eficaz para preparar al niño para conciliar el sueño. Algunos principios que hay que respetar:
Varias plantas que se utilizan tradicionalmente para calmar por la noche son adecuadas para los niños según su edad, en forma de infusión o de complemento adaptado. La flor de azahar es apreciada por su sabor suave y su buena tolerancia desde una edad muy temprana, en sinergia con el tilo mencionado anteriormente. La pasiflora se reserva más bien para niños mayores en caso de agitación marcada por la noche. El magnesio contribuye al funcionamiento normal del sistema nervioso y puede administrarse en forma de cura cuando el niño presenta nerviosismo asociado a dificultades para conciliar el sueño.
La melatonina en forma de complemento alimenticio no debe administrarse a un niño sin previo consejo médico. La ANSES ha alertado sobre los riesgos de un uso no supervisado en niños y adolescentes, en particular sobre los posibles efectos en el desarrollo puberal en caso de toma prolongada, así como sobre las posibles interacciones con otros tratamientos. Solo un pediatra puede evaluar si está justificado un consumo puntual, sobre todo en determinados trastornos del sueño documentados, y determinar la dosis adecuada para la edad del niño.
Se recomienda acudir al médico cuando las dificultades para dormir persistan más allá de unas pocas semanas a pesar de seguir una rutina adecuada, en caso de ronquidos fuertes asociados a pausas respiratorias, somnolencia diurna marcada o terrores nocturnos muy frecuentes e intensos. Esta evaluación permite descartar una causa orgánica (apnea del sueño, reflujo, alergia). Consulta también todos nuestros consejos dedicados a la salud infantil para favorecer su bienestar en el día a día.