El resfriado infantil es una infección viral muy frecuente de las vías respiratorias superiores (nariz, garganta y senos paranasales), causada por más de 200 virus diferentes. Los rinovirus son los más frecuentes, seguidos de los coronavirus estacionales, los adenovirus y el virus respiratorio sincitial. Aunque es una afección común pero molesta, el resfriado sigue siendo una etapa normal del desarrollo inmunitario del niño.
Un niño puede sufrir entre 6 y 10 episodios de resfriado al año, sobre todo entre los 1 y los 6 años, y especialmente en entornos colectivos (guardería, colegio, centro de día). La temporada de frío es cuando se concentra la circulación de los virus, aunque también existen resfriados en verano. La duración media es de entre 7 y 10 días, con una mejoría progresiva, a veces prolongada por una tos residual. Para el resfriado y el resfriado infantil en general, existen recursos complementarios.
La transmisión del resfriado se produce principalmente a través de:
Los centros colectivos (colegios, guarderías, centros de día) constituyen un caldo de cultivo ideal para la transmisión: promiscuidad, uso compartido de material y hábitos de higiene aún en fase de aprendizaje. El periodo de mayor contagio abarca los dos primeros días tras la aparición de los síntomas y persiste mientras el goteo nasal siga siendo abundante. La transmisión disminuye notablemente al cabo de una semana. La prevención del resfriado en general cuenta con recursos específicos.
Los síntomas del resfriado suelen aparecer entre 1 y 3 días después de la exposición:
La intensidad de los síntomas suele alcanzar su punto álgido hacia el tercer día, tras lo cual comienza la mejoría. La tos o la secreción nasal pueden persistir una semana más sin que ello suponga gravedad alguna.
Ambas infecciones virales comparten algunos síntomas, pero difieren en su intensidad y evolución:
Otras infecciones respiratorias pueden parecerse al resfriado: la COVID-19 (sintomas variables), la faringitis viral o bacteriana (dolor de garganta predominante), la otitis (dolor de oído) y la sinusitis (dolores faciales). En caso de duda diagnóstica, es imprescindible acudir al médico, especialmente si se trata de un niño vulnerable. Para la gripe y la tos infantil en general, existen recursos específicos.
No existe ningún tratamiento que cure el resfriado: el objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas y favorecer la recuperación natural:
A evitar o utilizar con precaución: descongestionantes nasales orales o en spray (contraindicados antes de los 15 años según la ANSM, riesgos cardiovasculares graves), antitusivos con codeína (contraindicados antes de los 12 años), aspirina (riesgo de síndrome de Reye), aceites esenciales aromáticos en aplicación directa antes de los 30 meses, alcanfor y mentol concentrados. Para la fiebre en general, existen recursos específicos.
Hay varios factores que refuerzan el sistema inmunitario de forma duradera:
Para reforzar la inmunidad natural, la vitamina D3, la vitamina C y el sueño del niño en general, existen recursos específicos.
Hay varias situaciones que justifican una consulta médica:
En cuanto a la asistencia al colegio, el niño puede quedarse en casa o volver al colegio según varios criterios: fiebre (permanecer hasta 24 horas sin fiebre y sin tomar antipiréticos), estado general (tonicidad suficiente para seguir las actividades), síntomas respiratorios intensos (es preferible el reposo), política del centro. El periodo más contagioso abarca los primeros 2-3 días. Lo ideal es que la vuelta al colegio vaya acompañada de buenas prácticas de higiene: pañuelos desechables, lavado frecuente de manos, cubrirse la boca con el codo al estornudar o toser.
Existen recursos específicos paralos niños y el resfriado infantil en general. Su farmacéutico titular sigue siendo un interlocutor valioso para orientarle sobre los cuidados adecuados a la edad, aconsejarle los productos apropiados e identificar los signos que requieren una consulta, como complemento al seguimiento pediátrico habitual.