¿Por qué vacunarse contra la gripe cada año?
La prevención de la gripe se basa, ante todo, en la vacunación anual, la única medida cuya eficacia está demostrada a gran escala. Los virus de la gripe mutan constantemente mediante dos mecanismos: la deriva antigénica (mutaciones progresivas) y el salto antigénico (recombinaciones importantes). Estas mutaciones hacen que la inmunidad adquirida el año anterior —ya sea natural o vacunal— quede rápidamente obsoleta. Cada otoño, la OMS identifica las cepas más probables para la temporada siguiente y los laboratorios formulan una vacuna tetravalente dirigida contra cuatro cepas (2A + 2B). Los productos para reforzar la inmunidad invernal están disponibles en la gama de complementos respiratorios y patologías invernales.
- Eficacia de la vacuna: entre el 40 % y el 70 % contra la infección, dependiendo de la adecuación entre la vacuna y las cepas circulantes — reducción significativa de las hospitalizaciones (-60 %) y de las muertes (-80 %) entre las personas mayores — la protección colectiva (inmunidad de grupo) reduce la circulación viral y protege a las personas que no pueden vacunarse (lactantes menores de 6 meses, personas con inmunodeficiencia grave)
- Personas para las que se recomienda la vacunación y está subvencionada: mayores de 65 años — personas con enfermedades crónicas (EPOC, asma, diabetes, insuficiencia cardíaca o renal, obesidad con IMC > 40) — mujeres embarazadas (en cualquier trimestre) — profesionales sanitarios — personas del entorno de los lactantes menores de 6 meses — personas que residen en residencias de ancianos
- Momento de la vacunación: lo ideal es en octubre-noviembre, antes del pico epidémico (enero-febrero en Francia) — la inmunidad es efectiva entre 10 y 15 días después de la inyección — la vacunación sigue siendo útil tras el inicio de la epidemia si aún no se ha vacunado
- ¿Se puede contraer la gripe varias veces?: sí — cada temporada circulan cepas diferentes — una infección por la gripe A no inmuniza contra la gripe B — la inmunidad postinfecciosa es específica de la cepa y de duración relativamente corta
Medidas de protección e higiene para prevenir el contagio
La gripe se transmite a través de gotículas respiratorias (tos, estornudos, conversación a menos de 2 metros) y por contacto indirecto (superficies contaminadas → mano → mucosas nasales, oculares o bucales). Los virus de la gripe sobreviven entre 8 y 12 horas en superficies inertes y 5 minutos en las manos. Las medidas de protección interrumpen estas dos vías de transmisión.
- Lavado de manos: 20 segundos de frotado con jabón o unos segundos con gel hidroalcohólico; momentos clave: antes de las comidas, después de tocar una superficie común (pomo de puerta, transporte público), después de toser o estornudar — el gel hidroalcohólico es equivalente al jabón en manos no sucias
- Pañuelos desechables: de un solo uso, tirarlos inmediatamente y lavarse las manos — no reutilizarlos ni guardarlos en el bolsillo — si no se dispone de pañuelo, toser en el pliegue del codo (evita la contaminación de las manos)
- Ventilación de los locales: de 10 a 15 minutos dos veces al día, incluso en invierno — la carga viral en suspensión disminuye rápidamente con la renovación del aire — los espacios cerrados y poco ventilados favorecen la transmisión
- Aislamiento durante el periodo contagioso: quédate en casa los primeros 5 a 7 días —el pico de contagiosidad se produce en las 24 horas previas a la aparición de los síntomas y durante los 3 primeros días—; esto es especialmente importante si convives con personas vulnerables
¿Cómo reforzar la inmunidad natural contra la gripe?
La vacunación es complementaria —no sustitutiva— de un buen estado inmunitario. Un sistema inmunitario debilitado responde peor a la vacuna y combate el virus con menos eficacia en caso de infección, a pesar de la vacunación. Existen varios factores modificables que refuerzan las defensas naturales durante el invierno.
- Alimentación antiinfecciosa: vitamina C (cítricos, kiwi, pimiento —refuerza la respuesta inmunitaria innata y adaptativa—); zinc (ostras, pipas de calabaza, legumbres —cofactor de numerosas enzimas inmunitarias—) — vitamina D (pescados grasos, exposición solar limitada en invierno —deficiencia muy frecuente en invierno en Francia y asociada a una mayor vulnerabilidad a las infecciones respiratorias)— ajo (alicina —propiedades antivirales leves)— miel (inmunoestimulante y antiséptico natural)
- Estilo de vida: sueño suficiente (de 7 a 9 horas — la falta de sueño multiplica por 4 o 5 el riesgo de infección respiratoria) — actividad física moderada y regular (reentrenamiento inmunológico) — gestión del estrés crónico (el exceso de cortisol inhibe la respuesta inmunitaria) — evitar el consumo excesivo de alcohol (inmunosupresor)
- Suplementos para la prevención invernal: vitamina D3 (de 1 000 a 2 000 UI/día de noviembre a marzo —en ausencia de un análisis sérico previo—; dosis de mantenimiento habitual) — zinc (de 10 a 15 mg/día) — equinácea (propiedades inmunoestimulantes demostradas en la prevención de infecciones invernales) — propóleos (antiviral e inmunoestimulante)
- Entorno invernal: humidificar el aire interior (40–60 % de humedad —el aire demasiado seco reseca las mucosas nasales, primera línea de defensa contra los virus—) —evitar los cambios bruscos de temperatura (debilitan temporalmente la mucosa respiratoria)