Un perro mayor (más de 7 años en el caso de las razas grandes, y más de 9-10 años en el de las razas pequeñas) presenta debilidades fisiológicas que requieren adaptar sus cuidados. Las enfermedades más frecuentes son la artrosis (presente en más del 80 % de los perros mayores de 8 años), la insuficiencia renal crónica (primera causa de mortalidad después del cáncer), la enfermedad hepática crónica y los trastornos cognitivos (disfunción cognitiva canina). El tránsito intestinal se ralentiza con la edad: la motilidad digestiva disminuye, lo que favorece el estreñimiento crónico, especialmente en perros sedentarios o sometidos a un tratamiento farmacológico prolongado. El cuidado del perro mayor requiere un seguimiento veterinario semestral y una adaptación nutricional progresiva.
La palmitoiletanolamida (PEA) es un endocannabinoide natural producido por el organismo en respuesta a estímulos dolorosos e inflamatorios. A diferencia del CBD (molécula exógena extraída del cáñamo), la PEA es una molécula endógena cuya producción disminuye con la edad. Actúa sobre los receptores PPAR-alfa y GPR55, reduciendo la neuroinflamación y modulando el dolor neuropático y crónico sin efectos psicoactivos ni sedantes. En medicina veterinaria, el PEA se utiliza para el dolor articular crónico en perros de edad avanzada, especialmente cuando ya no se pueden utilizar los AINE debido a una insuficiencia renal o hepática. El CBD (aceite de cannabidiol para animales) es un principio activo complementario que se está evaluando en el ámbito veterinario para tratar la ansiedad y los trastornos cognitivos en perros de edad avanzada.
Las croquetas medicinales específicas para cada órgano suponen una innovación práctica para los perros mayores a los que resulta difícil administrarles medicamentos. Las fórmulas para el bienestar renal (arándano rojo, D-manosa, astrágalo, omega-3 EPA/DHA) reducen la adhesión bacteriana a la pared vesical y favorecen la microcirculación renal. Las fórmulas hepáticas (silimarina, cardo mariano, SAMe) favorecen la regeneración de los hepatocitos. La restricción de fósforo (nefrotóxico en exceso en caso de insuficiencia renal crónica) debe combinarse con una alimentación para perros mayores adecuada. El estreñimiento en los perros mayores se trata, en primera instancia, aumentando la fibra alimentaria, mejorando la hidratación y realizando ejercicio, antes de recurrir a cualquier laxante farmacológico.
La digestión difícil es frecuente en los perros mayores: la producción de enzimas digestivas disminuye, la motilidad intestinal se ralentiza y la flora bacteriana se altera. Los complementos para favorecer la digestión incluyen enzimas vegetales (bromelina, papaína), probióticos para perros mayores (cepas caninas), prebióticos (FOS, inulina) y plantas digestivas (genciana, hinojo, manzanilla). La gastritis crónica asociada al uso prolongado de AINE requiere protección de la mucosa (pectinas, gel de aloe vera). Las golosinas para el tránsito intestinal (psyllium, prebióticos, probióticos) constituyen una solución apetecible y práctica para los perros reacios a los complementos convencionales.
Las golosinas multifuncionales «9 en 1 para perros mayores» concentran en una sola ración diaria todas las necesidades nutricionales del perro de edad avanzada:
El aceite de salmón (EPA y DHA de cadena larga) sigue siendo uno de los complementos más versátiles para el perro mayor: antiinflamatorio sistémico, protector renal y beneficioso para el pelaje, el corazón y las funciones cognitivas. Estos productos que favorecen la digestión se integran de forma natural en una rutina de cuidados integral.