Los dolores de rodilla se deben a diversos mecanismos, a menudo interrelacionados.La artrosis es la causa más frecuente en los adultos: el deterioro progresivo del cartílago articular provoca dolor, rigidez matutina y reducción de la amplitud de movimiento. La tendinitis afecta sobre todo a los deportistas, debido a la inflamación de los tendones periarticulares relacionada con un uso excesivo. Las lesiones ligamentosas —rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) o del ligamento cruzado posterior (LCP) tras un traumatismo— provocan dolor agudo e inestabilidad. Por último, la bursitis, inflamación de las bolsas serosas, provoca una sensibilidad marcada alrededor de la articulación, que a menudo se agrava con la presión.
La prevención se basa en unos principios fundamentales. Mantener un peso saludable limita la carga que se ejerce sobre el cartílago con cada paso. El fortalecimiento regular de los cuádriceps y los isquiotibiales estabiliza la articulación y reduce las tensiones mecánicas. Un calentamiento minucioso antes de cualquier actividad física prepara los tendones y los ligamentos para el esfuerzo. Por último, elegir un calzado que ofrezca una buena amortiguación y una sujeción lateral adecuada reduce la carga sobre las articulaciones al caminar o correr.
El tratamiento se adapta en función de la causa y la gravedad. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) reducen la inflamación y el dolor a corto plazo, siempre bajo supervisión médica. La fisioterapia fortalece los músculos estabilizadores y mejora la movilidad mediante ejercicios específicos. Las inyecciones intraarticulares de corticosteroides o de ácido hialurónico proporcionan un alivio duradero en los casos de artrosis moderada. La cirugía —artroscopia o prótesis de rodilla— se reserva para los casos que no responden a los tratamientos conservadores.
Hay ciertos signos que exigen acudir al médico sin demora. La imposibilidad de apoyar la rodilla, una deformación visible de la articulación o un bloqueo al moverla requieren una evaluación médica inmediata. Un dolor acompañado de fiebre puede indicar una infección articular, lo que constituye una urgencia terapéutica. Una inestabilidad persistente, incluso sin traumatismo identificado, también merece una evaluación clínica para descartar una lesión ligamentosa progresiva.
La artritis se refiere a una inflamación articular que puede aparecer a cualquier edad, a menudo de origen autoinmune o infeccioso, y que se manifiesta con hinchazón, calor y dolor.La artrosis es una enfermedad degenerativa específica del desgaste del cartílago, más frecuente a partir de los 50 años, caracterizada por un dolor mecánico que se intensifica con el esfuerzo y se alivia con el reposo. Estas dos patologías pueden coexistir, lo que a veces complica el diagnóstico sin un análisis de sangre y una radiografía.
Las actividades de bajo impacto protegen el cartílago al tiempo que mantienen la movilidad y la fuerza muscular. Caminar con regularidad mantiene la lubricación articular sin sobrecargar la rodilla. La natación y la aquagym ejercitan las extremidades inferiores sin la presión de la gravedad. El ciclismo —en interior o al aire libre— fortalece los cuádriceps y favorece la amplitud articular. Los estiramientos y los ejercicios de fortalecimiento específicos, prescritos por un fisioterapeuta, completan eficazmente este programa al reducir el riesgo de recaída.
Cada kilogramo de más se traduce en una carga multiplicada sobre la rodilla con cada paso. Este sobrepeso acelera el desgaste del cartílago, favorece la aparición precoz de la artrosis y aumenta el riesgo de lesiones tendinosas y ligamentosas. La inflamación de bajo grado asociada al exceso de tejido adiposo también intensifica los dolores articulares. Basta con perder incluso unos pocos kilos para reducir significativamente la presión sobre las rodillas y frenar la progresión de las lesiones.
Varios complementos alimenticios están suscitando un creciente interés científico por su efecto sobre la salud articular. La glucosamina favorece la regeneración del cartílago y reduce la rigidez articular, según algunos estudios. La cúrcuma, gracias a su curcumina, ejerce una acción antiinflamatoria reconocida por la EFSA por contribuir al bienestar articular. Los omega-3, presentes en los aceites de pescado, limitan la inflamación sistémica que agrava el dolor. Es imprescindible consultar con un médico antes de iniciar cualquier suplementación, especialmente si se está siguiendo un tratamiento.
Una mala postura provoca desequilibrios en la distribución de las cargas articulares, sobrecargando algunas partes de la rodilla en detrimento de otras. Permanecer sentado demasiado tiempo en una postura incorrecta, mantener las rodillas flexionadas durante mucho tiempo o adoptar una marcha desequilibrada aumentan las tensiones mecánicas sobre el cartílago y los tendones. Ajustar correctamente la altura del asiento, estirarse con regularidad y corregir los desequilibrios posturales con la ayuda de un fisioterapeuta son medidas sencillas con un gran efecto preventivo.