El bienestar abarca un equilibrio global entre la salud física, el equilibrio psíquico, la calidad de las relaciones y la realización personal. No se reduce ni a la ausencia de enfermedad ni a un estado de euforia permanente: describe más bien una armonía duradera que permite afrontar las exigencias del día a día con recursos y lucidez.
En la práctica, se sustenta en varios pilares concretos y sobre los que se puede trabajar: el sueño, la alimentación, la actividad física, la gestión del estrés, las relaciones sociales, el sentido de la vida y el aprendizaje. Ninguno de estos pilares es suficiente por sí solo; es su combinación lo que aporta solidez. Un enfoque por pequeños pasos, a largo plazo, ofrece mejores resultados que una revolución radical imposible de mantener. En cuanto a los complementos nutricionales en general, existen recursos complementarios.
La alimentación constituye una de las palancas más directas:
El desayuno rico en proteínas y dejar de cenar demasiado tarde se cuentan entre los cambios que tienen un gran impacto. En cuanto a los omega-3, la vitamina C y la vitamina D3 en general, existen recursos específicos.
El estrés forma parte de la vida: su intensidad y duración marcan la diferencia entre el estrés motivador y el estrés perjudicial. Hay varias medidas que permiten limitar su impacto:
Existen varios complementos que pueden favorecer el equilibrio nervioso, bajo consejo farmacéutico: magnesio (deficiencia frecuente en casos de estrés crónico), plantas adaptógenas (rodióla, ashwagandha, ginseng), pasiflora o espino blanco en caso de nerviosismo. En cuanto al estrés y el magnesio en general, existen recursos específicos.
La actividad física constituye uno de los factores más poderosos para la salud general. La OMS recomienda para los adultos:
La actividad que se realiza por placer es la más duradera. Es preferible optar por prácticas que se integren de forma natural en la vida cotidiana (bicicleta para los desplazamientos, subir escaleras, caminar a paso ligero) en lugar de programas restrictivos que acaben abandonándose.
El sueño sigue siendo el gran regulador de todos los demás pilares. Hay varios principios que mejoran su calidad:
En caso de trastornos persistentes, existen varios complementos que pueden facilitar el sueño, previa consulta con un farmacéutico: magnesio, melatonina de liberación inmediata o prolongada, plantas relajantes (pasiflora, valeriana, melisa, escholtzia). Existen recursos específicos para el sueño, el estrés y el descanso en general.
Más allá de los pilares físicos, hay varias dimensiones que contribuyen al bienestar:
En caso de cansancio persistente, trastornos del sueño crónicos, ansiedad marcada, bajones anímicos prolongados, dolores recurrentes u otros síntomas inusuales, es imprescindible acudir al médico para descartar una causa orgánica y orientar un tratamiento adecuado. Tu farmacéutico titular sigue siendo un interlocutor valioso para orientarte sobre los complementos adecuados, aconsejarte ajustes concretos e identificar las señales que requieren asesoramiento médico, como complemento al seguimiento de tu médico de cabecera. Para combatir el cansancio y reforzar la inmunidad natural en general, existen recursos específicos.