El lagrimeo (epífora) puede deberse a dos mecanismos opuestos. La sobreproducción de lágrimas es una respuesta refleja a una irritación —un cuerpo extraño, el viento, la luz intensa, una alergia o una infección—. La obstrucción de las vías de drenaje lagrimal (canalículos, conducto lagrimal-nasal) provoca un desbordamiento de lágrimas aunque su producción sea normal: se trata de la epífora obstructiva, a menudo unilateral, permanente e independiente de las condiciones ambientales. Este segundo mecanismo requiere una evaluación oftalmológica para examinar las vías lagrimales y plantearse un tratamiento adecuado.
Se trata de una de las paradojas más frecuentemente ignoradas de la oftalmología. Un lagrimeo continuo y acuoso sin causa alérgica evidente suele ser una respuesta refleja a una sequedad ocular subyacente. La superficie corneal deshidratada estimula los mecanorreceptores corneales, lo que desencadena una producción refleja de lágrimas acuosas con bajo contenido en mucina y lípidos; estas lágrimas inundan el ojo sin lubricarlo. El tratamiento de la sequedad ocular subyacente resuelve este lagrimeo paradójico en entre el 70 % y el 80 % de los casos.
El lagrimeo alérgico se debe a la desgranulación de los mastocitos conjuntivales, que liberan histamina, leucotrienos y PGD2, lo que estimula la secreción lagrimal refleja. La quercetina (de 200 a 500 mg/día) inhibe la fosfodiesterasa y bloquea la desgranulación mastocitaria antes de la exposición al alérgeno. Su acción preventiva está documentada in vitro y en modelos animales; debe iniciarse entre 4 y 6 semanas antes del inicio de la polinización para lograr una eficacia óptima.
Las proantocianidinas oligoméricas (OPC) del orujo de uva (Vitis vinifera, extracto con un 95 % de OPC) inhiben la proteína quinasa C, implicada en la desgranulación mastocitaria, y refuerzan la barrera conjuntival al estabilizar las membranas basales. Un estudio clínico (Bagchi et al., 2000) confirma su acción antiinflamatoria sobre las mucosas oculares y nasales. La combinación de OPC + quercetina + vitamina C constituye el tríptico antihistamínico natural más eficaz para el lagrimeo alérgico recurrente.
La rinoconjuntivitis alérgica es una entidad clínica única: la rinitis y la conjuntivitis comparten los mismos mediadores inflamatorios y están conectadas a través del conducto lagrimal-nasal. Las alergias estacionales al polen suelen desencadenar este cuadro: lagrimeo bilateral de secreción clara, prurito ocular, congestión nasal y estornudos. Un tratamiento integral que combine quercetina, OPC y el tratamiento de la rinitis concomitante resulta más eficaz que un enfoque exclusivamente ocular. Las causas subyacentes y los protocolos de desensibilización se detallan en la página sobre alergias.
El lagrimeo reflejo de origen ambiental es el más frecuente y, a menudo, el más descuidado. El viento estimula directamente los mecanorreceptores de la córnea; unas gafas envolventes reducen entre un 70 % y un 80 % la exposición directa al flujo de aire. La exposición prolongada a las pantallas reduce el parpadeo de 15-20 a 3-7 veces por minuto, lo que desestabiliza la película lagrimal y desencadena un lagrimeo reflejo compensatorio. La regla 20-20-20 (20 segundos de descanso a 6 metros cada 20 minutos) y la activación del modo nocturno por la noche reducen la estimulación crónica de la córnea. En entornos con aire acondicionado, un humidificador que mantenga la humedad relativa entre el 40 % y el 60 % reduce la evaporación lagrimal y limita el lagrimeo reflejo.