El mal aliento (halitosis) tiene un origen bucal en el 85-90 % de los casos, y no gástrico como se suele creer. El olor proviene de compuestos sulfurosos volátiles (CSV) producidos por bacterias anaeróbicas que se alimentan de proteínas y células muertas en la boca. Estas bacterias prosperan en lugares donde no circula el oxígeno: la parte posterior de la lengua, las bolsas gingivales y los espacios interdentales sin limpiar. La saliva es su principal enemigo natural: oxigena, limpia e inhibe su proliferación. En la tienda encontrarás productos dehigiene bucodental y cepillos de dientes adecuados.
La lengua es la fuente más descuidada: su parte posterior alberga una densa biopelícula bacteriana que produce entre el 50 % y el 70 % de los compuestos sulfurosos responsables de la halitosis. Un simple raspador de lengua utilizado cada mañana reduce estos compuestos entre un 40 % y un 75 % en pocos segundos. Los espacios interdentales son la segunda fuente más importante: al ser inaccesibles para el cepillo, acumulan en 24 horas suficiente placa como para generar olores significativos.
La limpieza de la lengua es la medida más eficaz y más subestimada. Al pasar el raspador de lengua de atrás hacia adelante cada mañana, se neutraliza la principal fuente de CSV incluso antes de haber comido. Cepillarse los dientes por sí solo no basta: el 40 % de la superficie dental queda inaccesible sin usar hilo dental o cepillos interdentales a diario.
El enjuague bucal con clorhexidina (0,12 %) es el antiséptico bucal más documentado contra la halitosis: reduce la placa bacteriana entre un 50 % y un 60 % y disminuye significativamente los CSV. Su uso debe limitarse a un periodo de 2 a 4 semanas para evitar manchas y disgeusia. Por su parte, los enjuagues bucales con alcohol agravan la sequedad bucal y la halitosis a largo plazo.
Algunos alimentos influyen directamente en el aliento a través de dos mecanismos distintos. Los alimentos con olor fuerte, como el ajo o la cebolla, liberan compuestos sulfurados que pasan al torrente sanguíneo y se eliminan por los pulmones; el aliento sigue viéndose afectado incluso después del cepillado, hasta su eliminación completa. Por su parte, los alimentos azucarados alimentan directamente a las bacterias bucales productoras de CSV.
Por el contrario, los alimentos protectores son las frutas y verduras ricas en agua (manzana, zanahoria, pepino), que estimulan mecánicamente la saliva y «cepillan» las superficies bucales. El té verde contiene catequinas con propiedades antibacterianas demostradas que reducen la carga bacteriana en la boca. Reducir la frecuencia con la que se consumen alimentos azucarados entre comidas es una de las medidas más eficaces para mantener un aliento fresco durante todo el día.
Una halitosis persistente a pesar de una higiene rigurosa —cepillado dos veces al día, raspador de lengua, uso diario de hilo dental— merece una revisión en el dentista para descartar periodontitis, caries profundas o un foco infeccioso. Si la revisión dental es normal, es necesario acudir al médico para descartar reflujo, sinusitis crónica, diabetes o insuficiencia renal.