La salud del ganado vacuno en las explotaciones lecheras y de cría está marcada por unas pocas enfermedades recurrentes con un gran impacto económico. La mastitis (inflamación de la ubre) es la enfermedad más costosa de la ganadería lechera mundial; puede ser subclínica (disminución de la producción sin signos visibles) o clínica (calor, dolor, alteración de la leche, hipertermia). Las afecciones posparto (metritis, retención placentaria, hipocalcemia o fiebre de la leche, cetosis) se producen en las semanas posteriores al parto. Las afecciones locomotoras (laminitis, úlcera plantar, dermatitis digital) constituyen la segunda causa de baja en la ganadería lechera. La vitamina D3 desempeña un papel clave en la prevención de la hipocalcemia posparto, ya que mejora la absorción intestinal del calcio y la movilización ósea.
La homeopatía veterinaria para grandes animales cuenta con una gama específica para el ganado vacuno. Las principales fórmulas se centran en los traumatismos y contusiones (lesiones durante la manipulación), las afecciones reumáticas (artritis crónicas), el drenaje hepático en periodos de estrés metabólico, las afecciones uterinas posparto (retención placentaria, metritis), así como la congestión y la inflamación de la ubre. La fórmula Wombyl GA está indicada en vacas gestantes para prevenir complicaciones posparto. La fórmula Osteyl GA favorece el metabolismo del calcio como complemento de la prevención nutricional de la fiebre de la leche. El magnesio también interviene en la regulación neuromuscular; su carencia puede agravar los cuadros de hipocalcemia durante el parto.
La mastitis bovina se caracteriza por su diversidad bacteriológica (Staphylococcus aureus, Streptococcus agalactiae, Escherichia coli, Klebsiella) y su impacto directo en la calidad de la leche (recuento de células somáticas, criterios de recogida). El tratamiento de las mastitis clínicas combina la antibioterapia intramamaria y sistémica (en casos graves), los antiinflamatorios no esteroideos y el secado terapéutico si es necesario. Como enfoque complementario, Phytolac (Phytolacca decandra) está indicado para los estados febriles y las inflamaciones mamarias, y la pomada homeopática intramamaria se administra en los casos leves sin agente bacteriano identificado. El extracto de boswellia (ácidos boswélicos, antiinflamatorio natural documentado) puede complementar el tratamiento de las mastitis crónicas recidivantes con un componente inflamatorio persistente.
La congestión mamaria —la ingurgitación que se observa durante el periodo de parto (edema preparto) o en casos de mastitis leves— se trata mediante masajes regulares con pomadas veterinarias específicas. Estas fórmulas combinan principios activos descongestionantes (alcanfor, mentol, aceites esenciales vasodilatadores), agentes antiinflamatorios tópicos y principios activos antisépticos suaves. Disponibles en tubo de 100 g (tratamiento individual específico) o en formato de 400 g (rebaño o tratamiento repetido), complementan los cuidados intramamarios convencionales. La curcumina (extracto concentrado de cúrcuma) se utiliza cada vez más en medicina veterinaria bovina por su acción antiinflamatoria sobre las afecciones crónicas, sin los efectos secundarios de los AINE convencionales sobre la mucosa digestiva.
Las infecciones fúngicas cutáneas (tiña, dermatofitosis) afectan tanto al ganado vacuno como a los carnívoros domésticos, con riesgo de transmisión entre especies y al ser humano (zoonosis). La tiña bovina (Trichophyton verrucosum) se manifiesta mediante placas circulares escamosas y alopécicas, principalmente en la cabeza y el cuello de los terneros. El tratamiento se basa en:
Estos mismos principios activos antimicóticos se utilizan en gatos adultos para tratar las dermatofitosis; la tiña felina (Microsporum canis) es la micosis cutánea más frecuente en los gatos.
Hay varias situaciones que requieren una intervención veterinaria inmediata en el ganado vacuno: hipertermia (temperatura rectal > 39,5 °C), signos de mastitis clínica grave (cuartos negros, leche serosanguinolenta, estado general alterado), fiebre de la leche posparto (vaca tumbada incapaz de levantarse en las 24-48 horas siguientes al parto), retención placentaria más allá de las 24 horas, signos neurológicos (opistótonos, convulsiones) o mortalidad anómala en el rebaño. El veterinario de la explotación también establece el plan de vacunación, gestiona los tratamientos con antibióticos (prescripción obligatoria, trazabilidad en el registro de la explotación) y realiza los controles de reproducción. Un seguimiento regular —incluso en ausencia de signos clínicos— permite anticipar los picos de enfermedades estacionales. Los mismos hábitos de vigilancia precoz se aplican a los felinos y a todos los animales de cuya salud somos responsables.