El felino es un carnívoro estricto cuya fisiología difiere fundamentalmente de la del perro. Su metabolismo hepático carece de ciertas enzimas de glucuronoconjugación, lo que hace que numerosas sustancias (fenoles, paracetamol, permetrina, aceites esenciales fenólicos) resulten tóxicas en dosis que el perro o el ser humano toleran. Sus necesidades de aminoácidos esenciales son mayores: la taurina (visión, corazón, inmunidad) y la arginina (ciclo de la urea) no pueden sintetizarse en cantidad suficiente; su carencia provoca, respectivamente, miocardiopatías dilatadas y una amonemia mortal. La L-lisina se utiliza en fitoterapia veterinaria felina para limitar la replicación del herpesvirus felino (FHV-1), responsable de la coriza y de las conjuntivitis recurrentes; compite con la arginina por la absorción intestinal y reduce la carga viral durante los brotes.
La flora intestinal del gato es menos diversa que la del perro o la del ser humano, lo que la hace más vulnerable a las alteraciones (tratamientos con antibióticos, estrés, infecciones víricas, cambios en la alimentación). Los probióticos felinos (Lactobacillus acidophilus, Bifidobacterium animalis, Enterococcus faecium —cepas específicas para gatos—) restablecen el equilibrio de la microbiota tras una alteración. Los comprimidos multicepa se administran fácilmente mezclados con una golosina o en la comida húmeda. Los probióticos veterinarios contienen dosis de UFC (unidades formadoras de colonias) adaptadas al tránsito intestinal más corto del gato; las concentraciones insuficientes no sobreviven a la acidez gástrica felina.
Un gatito de menos de 4 semanas separado de su madre necesita una leche de sustitución adaptada a la composición de la leche de gata (7-9 % de proteínas, 4-5 % de grasas, baja en lactosa). La leche de vaca está contraindicada: su contenido en lactosa provoca diarreas osmóticas graves. El protocolo de alimentación sigue varias etapas:
Estos mismos principios de alimentación fraccionada se aplican a los bebés prematuros o con dificultades para mamar.
La coriza felina (FHV-1 + calicivirus + clamidia) es la causa más frecuente de conjuntivitis en los gatos. Las secreciones mucopurulentas, la epífora y el blefaroespasmo requieren una limpieza dos veces al día con una loción oftálmica estéril (solución fisiológica o loción veterinaria específica). Como complemento a la L-lisina oral recetada por el veterinario, esta limpieza mecánica reduce el riesgo de sobreinfección bacteriana y de formación de costras dolorosas en los párpados. La sequedad ocular (queratoconjuntivitis seca) puede aparecer como secuela de una coriza grave; en ese caso, se prescriben gotas oftálmicas lubricantes con hialuronato de sodio (0,1-0,4 %).
El sarro afecta a más del 70 % de los gatos mayores de 3 años y favorece las enfermedades periodontales, la resorción dental (FORL) y las bacteriemias secundarias. El cepillado diario con una pasta dentífrica enzimática veterinaria sigue siendo el método más eficaz, pero pocos gatos lo toleran. Las alternativas incluyen soluciones antisépticas bebibles (clorhexidina diluida o xilitol en dosis bajas) que se añaden al agua de bebida, golosinas enzimáticas para masticar (bromelina) y geles bucales que se aplican directamente sobre las encías. Si la higiene preventiva resulta insuficiente, es necesario realizar una limpieza dental anual bajo anestesia.