Un gato mayor de 10 años (equivalente a unos 56 años humanos) presenta fragilidades fisiológicas que requieren una vigilancia y unos cuidados adecuados. Las patologías más frecuentes en los gatos mayores son:
La fatiga crónica, los trastornos del apetito y la disminución de las interacciones sociales suelen ser los primeros signos que hay que investigar.
El envejecimiento va acompañado de un aumento del estrés oxidativo y de una disminución de las defensas antioxidantes endógenas. La vitamina E, la vitamina C y el selenio constituyen el trío antioxidante básico. La quercetina (flavonoide, inhibidor de la lipoxigenasa y de la ciclooxigenasa) reduce la inflamación asociada a la artrosis, las enfermedades periodontales y la insuficiencia renal crónica. Las resolvinas y las protectinas (derivadas de los omega-3 EPA y DHA) constituyen una vía antiinflamatoria de resolución activa, cada vez más presente en los complementos articulares para gatos.
La artrosis felina es muy difícil de detectar clínicamente, ya que los signos son discretos: dificultad para saltar sobre los muebles, acicalamiento incompleto de la espalda y la cola, y reticencia a utilizar la bandeja sanitaria con bordes altos. Los complementos articulares para gatos (colágeno de tipo II, glucosamina, condroitina, MSM, ácido hialurónico) en gránulos apetecibles facilitan la adherencia al tratamiento en gatos a los que cuesta administrarles medicamentos. La coenzima Q10 (ubiquinol) es un antioxidante mitocondrial indispensable para la producción de energía celular; sus concentraciones disminuyen con la edad, lo que afecta especialmente a las células articulares y cardíacas. La quercetina, como complemento, refuerza el efecto antiinflamatorio natural de todo el protocolo.
Las patologías oculares avanzan con la edad: cataratas secundarias (relacionadas con la hipertensión, frecuentes en gatos con hipertiroidismo o insuficiencia renal), degeneración retiniana relacionada con la carencia de taurina e hipertensión ocular. La luteína (un carotenoide antioxidante concentrado en la retina) protege a los fotorreceptores del estrés oxidativo lumínico; algunos estudios preliminares sugieren un efecto beneficioso sobre la degeneración macular en carnívoros de edad avanzada. El tratamiento con vitaminas multicomponentes (A, B, D, E + oligoelementos) en solución oral es adecuado para gatos mayores cuya eficacia digestiva disminuye con la edad.
La alimentación debe adaptarse a partir de los 7-8 años. Los piensos para gatos mayores reducen el aporte de fósforo (nefrotóxico en exceso) sin disminuir las proteínas; los gatos mayores mantienen sus necesidades proteicas, o incluso las ven aumentadas, contrariamente a lo que se suele creer. En el caso de los gatos con insuficiencia renal crónica (IRC) confirmada, la restricción de fósforo es prioritaria y debe combinarse con quelantes de fósforo recetados por el veterinario. Los piensos médicos o las golosinas blandas facilitan la aceptación de los complementos en gatos con dentadura deteriorada. Los trastornos del sueño y la desorientación nocturna en un gato anciano pueden indicar un síndrome de deterioro cognitivo que debe ser evaluado por un veterinario.