El «cerumen», término común para referirse a la cera del oído, es una sustancia natural que se produce en el conducto auditivo externo. Lejos de ser un residuo, desempeña una función protectora esencial. Su composición varía según cada persona, lo que explica las diferencias de textura, color y cantidad que se observan.
La cera del oído es secretada por dos tipos de glándulas del conducto: las glándulas sebáceas y las glándulas sudoríparas apocrinas. Estas secreciones se mezclan con células cutáneas muertas y finos pelos para formar el cerumen. El pH ligeramente ácido de esta sustancia contribuye a limitar de forma natural la proliferación microbiana en el conducto auditivo.
Su formación es un proceso continuo y autorregulado. El conducto auditivo produce constantemente una fina capa de cerumen que migra lentamente hacia el exterior gracias a los movimientos de la mandíbula y de la piel, arrastrando consigo polvo y partículas. Este mecanismo de autolimpieza natural funciona sin intervención externa en la mayoría de las personas.
Existen dos tipos de cerumen, determinados genéticamente.
Estas variaciones son normales y no indican ninguna patología. Sin embargo, un cambio repentino de color asociado a dolor o secreción requiere consulta médica.
La higiene auricular se limita al orificio externo: nunca se deben introducir objetos en el conducto auditivo.
En exceso, el cerumen puede formar un tapón que obstruya el paso del sonido. Esta situación provoca una pérdida auditiva temporal, una sensación de plenitud y, en ocasiones, tinnitus. Una limpieza profesional restaurala audición sin riesgo alguno. Las personas que llevan audífonos están más expuestas: estos dispositivos pueden bloquear la expulsión natural del cerumen.
Acude al médico o al otorrinolaringólogo si presentas:
El profesional sanitario puede realizar una irrigación o una aspiración de forma segura. Contenido validado por Arnaud, doctor en Farmacia.