La audición es un sentido muy valioso que nos conecta con los sonidos del mundo. Una prevención activa, unos hábitos adecuados y un seguimiento periódico permiten conservarla durante mucho tiempo. No hay que ignorar nunca los primeros síntomas: una pérdida auditiva detectada a tiempo se trata mucho mejor que una pérdida ya avanzada.
La audición se basa en un mecanismo preciso que consta de varias etapas. Las ondas sonoras penetran en el oído externo, hacen vibrar el tímpano, atraviesan los huesecillos del oído medio, que las amplifican, y luego llegan a la cóclea, en el oído interno. Esta convierte las vibraciones en señales eléctricas que se transmiten al cerebro a través del nervio auditivo, el cual las interpreta como sonidos.
Hay varios factores que pueden alterar la calidad auditiva de forma progresiva o repentina.
La protección auditiva comienza con gestos sencillos que se deben adoptar desde una edad temprana.
Los jóvenes están especialmente expuestos: escuchar música a volumen alto durante mucho tiempo es hoy en día una de las principales causas de pérdida auditiva precoz.
Reconocer las señales de alerta permite un tratamiento precoz.
Depende de la causa y de lo pronto que se inicie el tratamiento.
Los audífonos captan el sonido a través de un micrófono, lo amplifican y lo transmiten al oído. Los programa un audioprotesista según el perfil de cada pérdida. El diagnóstico se realiza mediante pruebas audiométricas (audiograma) en un otorrinolaringólogo o un audiólogo.
Acuda rápidamente a un médico o a un otorrinolaringólogo en caso de:
Se recomienda realizarse revisiones auditivas periódicas a partir de los 50 años o tan pronto como aparezca el más mínimo síntoma. Contenido validado por Arnaud, doctor en Farmacia.