Un virus es una entidad biológica acelular: no es una célula viva, sino una estructura molecular capaz de replicarse únicamente en el interior de una célula huésped viva. Compuesto por material genético (ADN o ARN) envuelto en una cápside proteica y, en ocasiones, en una envoltura lipídica, el virus no posee metabolismo propio: aprovecha el mecanismo celular de su huésped para producir copias de sí mismo y, a menudo, destruye la célula infectada. Es esta destrucción celular —y la respuesta inmunitaria que desencadena— la que provoca los síntomas de la infección. Los complementos antivirales naturales están disponibles en las secciones de inmunidad y defensas inmunitarias de la tienda.
Los virus se clasifican según su material genético, su estructura y sus modos de replicación. Las principales familias de virus patógenos para el ser humano incluyen los virus de ARN (virus de la gripe, coronavirus, rinovirus, norovirus, virus de la hepatitis C, VIH) y los virus de ADN (herpesvirus —HSV, VZV, EBV, CMV—, el virus de la hepatitis B, el VPH y el adenovirus). Los virus envueltos (rodeados de una bicapa lipídica) son más frágiles en el medio ambiente, pero se destruyen más fácilmente con antisépticos a base de alcohol; los virus sin envoltura (norovirus, adenovirus, rotavirus) son más resistentes y requieren un lavado con jabón. Consulta la página sobre infecciones virales para conocer las formas clínicas.
Las vías de transmisión varían en función de la biología del virus:
La prevención se basa en el lavado de manos (método de referencia para los virus de transmisión por contacto y fecal-oral), la vacunación para los virus para los que existe una vacuna (gripe, hepatitis A y B, VPH, VZV, sarampión, COVID-19) y la higiene respiratoria. Consulta la página sobre estados virales para conocer cómo gestionar la latencia y las reactivaciones.
El sistema inmunitario es la única herramienta capaz de eliminar un virus; los medicamentos antivirales existen para pocos virus (influenza, herpesvirus, VIH, VHC) y se dispensan con receta médica. En el caso de las infecciones víricas comunes leves, varios complementos naturales refuerzan la respuesta inmunitaria antiviral no específica: la vitamina C (500–1 000 mg/día —estimula la síntesis de interferones antivirales y la actividad de los linfocitos NK—), la vitamina D3 (1 000–2 000 UI/día —alegación de la EFSA— reduce la frecuencia y la gravedad de las infecciones respiratorias virales), el zinc (10–15 mg/día — inhibe directamente la replicación de los virus de ARN, cofactor de la inmunidad celular),la equinácea (uso bien establecido por la EMA — de 2 a 4 semanas, contraindicaciones: enfermedades autoinmunes y inmunosupresores) y el ravintsara (aceite esencial de Cinnamomum camphora, CT cineol —referencia fitoterapéutica para el apoyo antiviral respiratorio—; difusión en el ambiente o masaje diluido; contraindicaciones: embarazo y niños menores de 6 años). Los probióticos refuerzan la inmunidad de la mucosa intestinal: el 70 % del sistema inmunitario se encuentra en el tejido linfático intestinal. Consulte la página de infectología para un tratamiento integral.