El chupete, también llamado chupón, es un accesorio de puericultura diseñado para satisfacer la necesidad de succión no nutritiva del bebé. Se compone de una tetina de silicona o látex natural, unida a una base plana y a un anillo de sujeción. Su diseño garantiza la comodidad, la tranquilidad y la seguridad del bebé.
Más allá de su función tranquilizadora, el chupete satisface una necesidad fisiológica fundamental: la succión proporciona consuelo, una sensación de seguridad, ayuda a conciliar el sueño y favorece la regulación emocional del bebé. Además, varios estudios han documentado que el chupete, utilizado a la hora de conciliar el sueño, tiene un efecto protector contra la muerte súbita del lactante. Aunque no es imprescindible, puede ser una herramienta útil como complemento de otros métodos para calmar al bebé (llevarlo en brazos, abrazarlo, mecerlo). Existen recursos complementarios para el bebé y los cólicos del lactante en general.
Hay varios criterios que orientan la elección de un chupete adecuado:
A menudo es necesario probar varios modelos antes de encontrar el que el bebé acepte. La forma y el material adecuados varían según las preferencias individuales. Para los bebés comilones y los que suelen regurgitar, existen recursos específicos.
Para la introducción, la mayoría de los pediatras y asesoras de lactancia recomiendan esperar a que la lactancia esté bien establecida, es decir, entre 3 y 6 semanas después del nacimiento, para evitar la confusión entre el pecho y la tetina en los bebés lactantes. En el caso de los bebés alimentados con biberón, la introducción puede realizarse antes sin ningún inconveniente en particular.
En cuanto al destete, los odontólogos pediátricos recomiendan un proceso gradual entre los 2 y los 4 años como muy tarde. Más allá de esa edad, el uso prolongado puede favorecer la apertura anterior de la boca, el paladar ogival, el retraso en la adquisición del lenguaje, la alteración de la articulación y las otitis medias recurrentes. La estrategia progresiva consiste en limitar primero el uso del chupete a la hora de dormirse, luego solo a las siestas y, finalmente, a su abandono total, involucrando al niño en el proceso mediante rituales simbólicos. En cuanto ala lactancia materna en general, existen recursos específicos.
Una higiene impecable es fundamental para la seguridad sanitaria del lactante:
Disponer de varios chupetes idénticos que se vayan alternando facilita el mantenimiento y reduce las roturas. En cuanto a la leche infantil en general, existen recursos específicos.
Varios estudios internacionales han documentado un efecto protector del chupete utilizado a la hora de dormir frente a la muerte súbita del lactante (MSL). Los mecanismos mencionados incluyen el mantenimiento de una posición favorable de las vías respiratorias, un umbral de despertar más bajo en caso de apnea y una menor profundidad del sueño REM. Este efecto protector se ha incorporado hoy en día a las recomendaciones oficiales de prevención.
Existen varias precauciones que regulan este uso nocturno:
En el caso de los niños lactantes, se recomienda introducir el chupete una vez que la lactancia esté bien establecida para evitar la confusión entre el pecho y el chupete. En cuanto al sueño del niño en general, existen recursos específicos.
Un chupete debe sustituirse regularmente, cada 4 a 8 semanas de media, e inmediatamente en cuanto aparezcan signos de desgaste. Hay varios signos que indican la necesidad de una sustitución inmediata:
El periodo de dentición requiere una mayor atención: los dientes que están saliendo pueden dañar la tetina más rápidamente, lo que justifica su sustitución, en ocasiones, cada 3 o 4 semanas. Para las encías irritadas y las encías sensibles en general, existen productos específicos.
El uso moderado y limitado en el tiempo del chupete no altera significativamente la dentición del lactante. El riesgo ortodóntico aparece principalmente cuando el uso se prolonga más allá de los 2-3 años, y de forma más marcada a partir de los 4 años. Las posibles consecuencias incluyen la apertura anterior (los incisivos ya no se tocan), el paladar ogival (cavado en altura), el solapamiento dental, el retraso en la adquisición del lenguaje y la alteración de la articulación.
La elección de un chupete de forma fisiológica u ortodóntica limita el impacto en comparación con los modelos redondos clásicos, gracias a una distribución más armoniosa de la presión sobre el paladar y las arcadas dentales. No obstante, la duración de su uso sigue siendo el factor más determinante. Una consulta con el odontólogo pediátrico alrededor de los 2 o 3 años permite evaluar las posibles repercusiones y personalizar el calendario de retirada del chupete.
Hay varias precauciones que deben tenerse en cuenta en el uso diario del chupete:
Su farmacéutico titular sigue siendo un interlocutor valioso para orientarle en la elección y el uso del chupete adecuado para su hijo, como complemento al seguimiento pediátrico habitual.