Los piojos de la cabeza (Pediculus humanus capitis) son parásitos ectoparásitos hematófagos de entre 2 y 3 mm de longitud, que viven exclusivamente en el cuero cabelludo humano. Se transmiten por contacto directo entre el cabello y el cabello. Los signos característicos son el prurito occipital y retroauricular, la presencia de liendres (huevos adheridos a la base del pelo, de forma ovalada y de color blanco grisáceo, que deben distinguirse de la caspa, que se desliza por el tallo del pelo) y pequeñas pápulas en la nuca. El peinado con un peine de púas finas sobre el cabello húmedo y con champú es el método de detección más fiable.
Existen tres categorías de tratamientos, con mecanismos de acción distintos:
El aceite esencial de limoncillo (Cymbopogon citratus, con citral como componente principal) es el más documentado por su actividad pediculicida directa sobre los piojos adultos; su actividad ovicida (sobre las liendres) es más limitada. Estos aceites esenciales deben utilizarse siempre diluidos (entre un 2 % y un 5 % en un aceite vegetal neutro); nunca se deben aplicar puros sobre el cuero cabelludo. Los sprays repelentes naturales listos para usar combinan varios aceites esenciales repelentes en una fórmula estable, que se pulveriza sobre el cabello antes de ir al colegio o a lugares de riesgo colectivo.
El peine de púas de acero inoxidable muy juntas (con una separación de 0,2 a 0,3 mm) es la herramienta de referencia para la detección y la eliminación mecánica de piojos y liendres. Se utiliza sobre el cabello húmedo y bien acondicionado (con acondicionador o aceite de coco) para facilitar el deslizamiento. La técnica correcta consiste en peinar por secciones desde la raíz hasta las puntas, limpiando el peine con un papel blanco después de cada pasada para visualizar los parásitos extraídos. Este método debe repetirse cada 2 o 3 días durante 2 o 3 semanas para eliminar las larvas que eclosionan tras el tratamiento inicial.
La prevención se basa en reducir el contacto entre el pelo y el pelo: peinar el pelo largo en trenzas o moños en entornos colectivos, no compartir gorros, cascos ni cepillos, e inspeccionar regularmente el pelo de los niños. Los sprays y acondicionadores repelentes (aceites esenciales de limoncillo, lavandín, geranio y árbol del té) reducen el atractivo del cabello para los piojos sin necesidad de un tratamiento insecticida. La reinfestación rápida tras un tratamiento curativo es señal de que hay una fuente activa en el entorno; por lo tanto, hay que examinar a todos los miembros del hogar al mismo tiempo. La ropa y la ropa de cama no requieren tratamiento insecticida: basta con lavarlas a 60 °C o meterlas en el congelador (48 horas a -20 °C). Los aceites esenciales de citronela y las fórmulas repelentes contra múltiples insectos ofrecen una protección eficaz contra todos los parásitos hematófagos (piojos, mosquitos, garrapatas).
La resistencia a los insecticidas (especialmente a la permetrina) es un fenómeno documentado y en aumento en varias regiones de Europa. En caso de que falle un tratamiento insecticida bien realizado, se recomienda recurrir a un tratamiento mecánico (dimeticona, cera de abeja), ya que estas fórmulas no generan resistencia. La combinación de tratamiento mecánico y peine fino (cada dos días durante tres semanas) es el protocolo más eficaz contra los piojos resistentes. En caso de duda diagnóstica (persistencia del prurito sin piojos ni liendres vivos) o de infestación recurrente a pesar de tratamientos bien realizados, una consulta médica permite descartar otros diagnósticos (sarna del cuero cabelludo, dermatitis seborreica, foliculitis) e identificar el origen de la reinfestación. Los repelentes naturales contra las garrapatas a base de aceites esenciales repulsivos comparten principios activos comunes con las fórmulas antipulgas; así, es posible obtener una protección integrada contra varios parásitos externos con los mismos productos.