La oliguria es una afección médica caracterizada por una disminución de la producción de orina. Desde el punto de vista médico, se define en adultos como un volumen de orina inferior a 400 mililitros en 24 horas, o inferior a 0,5 ml por kilogramo de peso y por hora.
Esta reducción de la diuresis no es una enfermedad en sí misma, sino un signo clínico que puede indicar una anomalía subyacente que afecta a la función renal, al volumen de líquidos corporales o a las vías urinarias. Según la HAS y la Sociedad de Nefrología, la oliguria figura entre los principales indicadores de alerta de una insuficiencia renal aguda y siempre requiere una evaluación médica para identificar su causa y adaptar el tratamiento. Pertenece al grupo de trastornos urinarios cuya evaluación debe realizarse en el marco de una consulta médica.
Las causas de la oliguria se clasifican tradicionalmente en tres grandes categorías según el mecanismo fisiopatológico: prerrenal, renal y posrenal.
Las causas prerrenales (las más frecuentes) se deben a una disminución de la perfusión renal: deshidratación por ingesta insuficiente de líquidos, pérdidas digestivas importantes (vómitos, diarreas), pérdidas cutáneas (sudoración excesiva, quemaduras extensas), hemorragias, insuficiencia cardíaca o shock circulatorio. Las causas renales reflejan una alteración del propio parénquima renal: necrosis tubular aguda, glomerulonefritis, nefritis intersticial o alteraciones vasculares renales. Las causas posrenales están relacionadas con una obstrucción de las vías urinarias: cálculos urinarios bilaterales o en un solo riñón, hipertrofia prostática, tumores de las vías urinarias, fibrosis retroperitoneal. Ciertos medicamentos (AINE, IECA, ARA2, algunos antibióticos, medios de contraste yodados, exceso de diuréticos) también pueden ser la causa y justifican una reevaluación médica de los tratamientos en curso.
El diagnóstico de la oliguria combina un enfoque clínico estructurado con pruebas complementarias específicas. Es competencia exclusiva del personal médico.
La anamnesis médica permite precisar los antecedentes recientes: ingesta de líquidos, pérdidas (digestivas, sudoración), medicación actual, antecedentes médicos y quirúrgicos. La exploración física evalúa el estado de hidratación, la presión arterial, la auscultación cardiopulmonar y la presencia de edemas. La medición precisa de la diuresis durante 24 horas confirma la oliguria. Los análisis biológicos de referencia incluyen: ionograma sanguíneo y urinario, creatinina sérica y urea con estimación de la tasa de filtración glomerular (TFG), análisis de orina (tiras reactivas, cultivo de orina, ionograma urinario, fracción de excreción de sodio).Las pruebas de imagen mediante ecografía renal y vesical buscan una obstrucción o una anomalía morfológica, complementadas, si es necesario, con una tomografía computarizada abdominopélvica. Este procedimiento permite orientar el diagnóstico hacia una causa prerrenal, renal o posrenal y guiar el tratamiento.
El tratamiento de la oliguria es exclusivamente etiológico: tiene como objetivo tratar la causa subyacente identificada. Requiere prescripción médica y, en los casos graves, hospitalización.
En el caso de las causas prerrenales (deshidratación, hipovolemia), el tratamiento de primera línea consiste en la rehidratación por vía oral en los casos moderados o por vía intravenosa en el hospital en los casos graves. En el caso de las causas renales, el tratamiento depende de la etiología: suspensión de los medicamentos nefrotóxicos, tratamiento específico de las glomerulonefritis o nefropatías, y atención nefrológica especializada. En el caso de las causas posrenales, suele ser urgente eliminar la obstrucción mediante cateterización vesical, la colocación de una sonda de JJ o una nefrostomía percutánea. En los casos de insuficiencia renal aguda grave, puede resultar necesaria la depuración extrarrenal (diálisis). Se revisan sistemáticamente los tratamientos en curso, en particular los AINE, los IECA, los ARA2 y los diuréticos. Se desaconseja terminantemente la automedicación en este contexto.
La prevención de la oliguria se basa principalmente en la identificación y el manejo de las situaciones de riesgo. Existen medidas sencillas que permiten limitar los episodios de oliguria prerenal, que son los más frecuentes.
Mantener una hidratación adecuada (una media de entre 1,5 y 2 litros de agua al día para un adulto, que debe ajustarse en función del calor, la actividad física y el contexto médico) es la medida preventiva más sencilla. Se debe prestar especial atención durante las olas de calor, las gastroenteritis con vómitos y diarreas, y los esfuerzos físicos prolongados. El control periódico de la función renal es imprescindible en personas de riesgo: personas mayores, pacientes diabéticos o hipertensos, pacientes coninsuficiencia renal crónica y pacientes en tratamiento con fármacos nefrotóxicos.La adaptación de los tratamientos (AINE, diuréticos, IECA, ARA2) en caso de fragilidad renal o deshidratación debe ser objeto de un diálogo con el médico responsable del tratamiento. La selección completa de productos para el bienestar urinario puede consultarse en la farmacia, sin que ello sustituya a la atención médica.
Una oliguria no diagnosticada o no tratada conlleva el riesgo de varias complicaciones, en ocasiones graves. Su prevención justifica una consulta médica inmediata.
La acumulación de toxinas nitrogenadas (urea, creatinina y otras toxinas urémicas) se debe a la disminución de la eliminación renal y puede provocar astenia, náuseas y, en los casos graves, encefalopatía urémica. El desequilibrio electrolítico (en particular, la hiperpotasemia) puede ser mortal: la hiperpotasemia grave conlleva el riesgo de sufrir arritmias cardíacas potencialmente mortales. La sobrecarga de agua y sodio, con edemas periféricos y edema pulmonar, complica las oligurias persistentes. La evolución hacia una insuficiencia renal aguda y, posteriormente, crónica puede requerir diálisis definitiva. Un síndrome urémico agudo puede ir acompañado de trastornos neurológicos, digestivos y hematológicos. La presencia de fiebre, dolor lumbar, confusión, edemas extensos o trastornos respiratorios asociados a una oliguria requiere una consulta médica urgente.
La oliguria puede ir acompañada de varios signos clínicos que orientan sobre la causa y la gravedad. Su reconocimiento es una señal de alerta importante para acudir al médico.
Los síntomas más frecuentes incluyen: disminución notable del volumen urinario en comparación con la diuresis habitual, orina más oscura y concentrada (de color caoba o marrón), fatiga y debilidad general, sequedad bucal y sed intensa en caso de deshidratación asociada, y edemas (hinchazón de los tobillos, las piernas y, en ocasiones, la cara) en caso de causa renal o cardíaca. Algunos signos más generales pueden indicar una complicación: náuseas y vómitos, pérdida de apetito, confusión, somnolencia, dificultad para respirar al realizar esfuerzo o en reposo. Una disminución brusca de la diuresis, sobre todo en una persona de riesgo, debe ser motivo de consulta médica inmediata. Esta disminución suele ir acompañada de otros dolores o molestias urinarias que completan el cuadro clínico.
Tantola oliguria comola anuria se refieren a una producción de orina anormalmente baja, pero se diferencian por su gravedad y sus implicaciones clínicas.
La oliguria corresponde a una producción reducida de orina: un volumen inferior a 400 ml en 24 horas en adultos, o inferior a 0,5 ml por kg y por hora. Puede ser reversible si la causa se identifica y se trata rápidamente.La anuria representa una afección más grave: producción de orina prácticamente inexistente, inferior a 100 ml en 24 horas según la definición clásica. Sugiere una insuficiencia renal avanzada (necrosis tubular masiva, síndrome hepatorrenal terminal) o una obstrucción completa bilateral de las vías urinarias. La anuria es una urgencia médica absoluta que requiere atención hospitalaria inmediata, normalmente en una unidad de nefrología o en la unidad de cuidados intensivos. La distinción entre ambas condiciones depende estrictamente de la evaluación médica, pero cualquier disminución importante y persistente de la diuresis justifica una consulta rápida.
Sí,la oliguria pediátrica existe y supone una situación preocupante debido a las particularidades fisiológicas del niño. La definición difiere de la del adulto y su seguimiento es más delicado.
En el niño, la oliguria se define clásicamente como una diuresis inferior a 0,5-1 ml por kg y por hora, según la edad, y en el lactante, como un número de pañales mojados claramente inferior al habitual. La causa más frecuente es la deshidratación aguda por gastroenteritis con vómitos y diarreas, una situación habitual en invierno. Los riesgos específicos son especialmente preocupantes debido a la escasa reserva de agua y sal del niño pequeño: desequilibrio electrolítico rápido y grave, insuficiencia renal aguda, shock hipovolémico. Cualquier disminución importante de la diuresis en un niño, especialmente en un lactante, justifica una consulta médica urgente, o incluso acudir al servicio de urgencias pediátricas. La Sociedad Francesa de Pediatría recomienda acudir rápidamente al médico ante signos asociados de deshidratación (ojos hundidos, fontanela hundida, pliegue cutáneo persistente, somnolencia).
El embarazo modifica significativamente la fisiología urinaria y expone a varias situaciones que pueden provocar oliguria. El seguimiento obstétrico permite su detección y tratamiento.
Pueden intervenir varios mecanismos.El aumento del volumen circulante y las alteraciones hemodinámicas pueden suponer una mayor carga para la función renal. La compresión mecánica que ejerce el útero grávido sobre las vías urinarias (especialmente los uréteres) en el tercer trimestre puede alterar el flujo urinario. Hay situaciones específicas del embarazo que suponen un mayor riesgo: la preeclampsia (hipertensión asociada a proteinuria, a veces complicada por oliguria, que es un criterio de gravedad), síndrome de HELLP, hemorragia obstétrica, deshidratación por vómitos intensos durante el embarazo. Cualquier disminución de la diuresis en una mujer embarazada, especialmente en el tercer trimestre, justifica una consulta obstétrica inmediata. La monitorización regular de la presión arterial, el peso y la proteinuria durante el seguimiento del embarazo permite detectar precozmente la preeclampsia. Para los cuidados de confort durante el embarazo, consulte la selección adecuada en la categoría «vías urinarias y eliminación».
Más allá de las pruebas de primera línea, pueden ser necesarias varias pruebas complementarias en función de la orientación diagnóstica inicial. Su prescripción corresponde al especialista (nefrólogo, urólogo).
La gammagrafía renal (DMSA, MAG3, DTPA según la indicación) evalúa la perfusión renal, la función de cada riñón por separado y detecta posibles obstrucciones o anomalías funcionales. La biopsia renal, realizada en un centro hospitalario especializado bajo guía ecográfica, puede estar indicada en determinadas nefropatías para analizar el parénquima renal a nivel histológico y orientar el tratamiento.La ecocardiografía evalúa la función cardíaca, ya que la insuficiencia cardíaca (especialmente la izquierda) puede alterar la perfusión renal y provocar oliguria. En contextos de reanimación, la medición de la presión venosa central yla ecocardiografía de relleno orientan el manejo de los líquidos y la expansión volumétrica. Se pueden proponer otras pruebas específicas: detección de proteinuria en la orina de 24 horas, inmunoelectroforesis sanguínea y urinaria, estudio autoinmune y determinación de marcadores específicos según la etiología sospechada. Todo este proceso requiere la coordinación entre el médico de cabecera, el nefrólogo y otros especialistas, según sea necesario.