La litiasis renal es la patología caracterizada por la formación de cálculos en los riñones, cuyas implicaciones diagnósticas y terapéuticas varían según el tipo de cálculo de que se trate. Se distinguen cuatro grandes grupos: los cálculos de oxalato cálcico, los más frecuentes; los cálculos de fosfato cálcico; los cálculos de ácido úrico, relacionados con el metabolismo de las purinas; y los cálculos de estruvita o de cistina, más raros y a menudo asociados, respectivamente, a una infección urinaria crónica o a una anomalía genética. Si se busca un enfoque centrado en la formación general de los cálculos y su prevención mediante la hidratación, la página dedicada a los cálculos urinarios complementa de forma útil esta visión por tipos.
Los cálculos de oxalato cálcico representan la mayoría de las litiasis renales. Su formación se ve favorecida por una dieta rica en oxalatos, una hidratación insuficiente, pero también por ciertas carencias nutricionales: la vitamina B6 interviene en el metabolismo del oxalato, y en ocasiones se recomienda un aporte adecuado en el seguimiento de ciertas hiperoxalurías, siempre bajo supervisión médica y tras un análisis biológico preciso. El magnesio también forma parte de los factores protectores naturales contra la cristalización del calcio.
Los cálculos de ácido úrico se forman cuando la orina es anormalmente ácida y rica en ácido úrico, a menudo en un contexto metabólico similar al de la gota, dos patologías que comparten el mismo sustrato de hiperuricemia. El tratamiento combina la alcalinización de la orina, bajo prescripción médica, con medidas higiénico-dietéticas específicas (en particular, la reducción del consumo excesivo de carne roja y alcohol).
El diagnóstico se basa en técnicas de imagen, siendo la tomografía computarizada abdominal sin contraste el examen de referencia para localizar con precisión el cálculo o los cálculos y evaluar su tamaño. El análisis del cálculo expulsado o extraído, cuando es posible, permite determinar su composición exacta y orientar la prevención de forma específica, en lugar de genérica. Un análisis de sangre y de orina completa esta evaluación para identificar posibles factores metabólicos subyacentes, entre ellos una deficiencia de magnesio.
El tratamiento depende del tamaño y la localización del cálculo. Los cálculos pequeños pueden expulsarse de forma natural con una mayor hidratación y un tratamiento analgésico adecuado. A partir de un determinado tamaño, el urólogo propone la litotripsia extracorpórea (ondas de choque), la ureteroscopia o, más raramente, la cirugía. En el caso de los cálculos de ácido úrico, el rabito de cereza se utiliza tradicionalmente como apoyo diurético complementario, sin sustituir al tratamiento médico prescrito.
El riesgo de recidiva de la litiasis renal es elevado, del orden del 50 % a los diez años según los datos urológicos, lo que justifica un seguimiento nefrológico o urológico regular tras un primer episodio. Este seguimiento se basa en mantener una hidratación diaria suficiente y adaptada al tipo de cálculo identificado, junto con análisis clínicos periódicos para ajustar las medidas preventivas a largo plazo.