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Intolerancia alimentaria: causas, alternativas y evolución

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¿Cuál es la diferencia entre la intolerancia alimentaria y la alergia alimentaria?

La intolerancia alimentaria y la alergia alimentaria suelen confundirse, pero sus mecanismos son fundamentalmente diferentes. La alergia implica al sistema inmunitario (reacción mediada por IgE) y puede provocar síntomas graves, incluso un shock anafiláctico, en cuestión de minutos. La intolerancia es un trastorno digestivo o metabólico —falta de una enzima, sensibilidad química, reacción a sustancias naturales— sin que intervenga el sistema inmunitario. Sus síntomas son menos urgentes, pero crónicamente incapacitantes y, a menudo, infradiagnosticados:

  • Diarrea, hinchazón y gases.
  • Dolores y calambres abdominales.
  • Dolores de cabeza, cansancio y confusión mental.
  • Irritaciones cutáneas leves.

Estos síntomas suelen aparecer varias horas después de ingerir el alimento desencadenante, lo que dificulta su identificación sin un proceso de eliminación sistemático. Una intolerancia también puede depender de la dosis: se pueden tolerar pequeñas cantidades sin reacción, mientras que se desarrollan síntomas al superar un umbral determinado.

¿Cuáles son los alimentos y sustancias que suelen estar más a menudo implicados?

Las intolerancias más frecuentes se refieren a:

  • La lactosa (productos lácteos): déficit de lactasa.
  • El gluten: sensibilidad al gluten no celíaca —distinta de la enfermedad celíaca, una patología autoinmune—.
  • La fructosa: malabsorción intestinal de la fructosa, frecuente y a menudo desconocida.
  • Las histaminas: presentes en los vinos tintos, los quesos curados, los embutidos y las conservas de pescado; no se metabolizan en personas con deficiencia de diaminooxidasa.
  • Los aditivos alimentarios: sulfitos, glutamato monosódico, colorantes sintéticos.

Una misma persona puede presentar varias intolerancias, lo que complica la identificación de los factores desencadenantes.

¿Cómo se diagnostica una intolerancia alimentaria?

El diagnóstico se basa en un método estructurado:

  • Un diario alimentario y de síntomas que se lleva durante 2 a 4 semanas, en el que se relacionan las comidas con las reacciones.
  • Dieta de eliminación: supresión de los alimentos sospechosos durante 3 a 6 semanas, seguida de una reintroducción progresiva para identificar los factores desencadenantes.
  • Pruebas respiratorias para la intolerancia a la lactosa y a la fructosa (medición del hidrógeno exhalado).
  • Análisis de sangre para detectar la enfermedad celíaca (anticuerpos antitransglutaminasa), que no debe confundirse con la sensibilidad al gluten no celíaca.

Es imprescindible contar con un profesional sanitario (gastroenterólogo o dietista) para interpretar los resultados y evitar dietas innecesariamente restrictivas.

¿Qué tratamientos y estrategias permiten controlar las intolerancias?

La principal medida es la eliminación de los alimentos desencadenantes, a ser posible de forma selectiva en lugar de generalizada. Algunas medidas complementarias:

  • Suplementos enzimáticos: lactasa para la intolerancia a la lactosa, diaminooxidasa (DAO) para la intolerancia a la histamina.
  • Mejora de la flora intestinal mediante probióticos y prebióticos, que refuerzan la barrera intestinal y la digestión de los sustratos fermentables.
  • Dieta baja en FODMAP (azúcares fermentables) para el síndrome del intestino irritable, que suele ir asociado a intolerancias múltiples.
  • Consulta con un dietista para mantener el equilibrio nutricional a pesar de las exclusiones alimentarias.

¿Qué alternativas alimentarias existen para las personas con intolerancias?

En función de las intolerancias identificadas, las sustituciones específicas permiten mantener una alimentación variada y nutricionalmente completa:

  • Sin lactosa: leches vegetales enriquecidas, yogures de soja, quesos madurados con bajo contenido en lactosa.
  • Sin gluten: arroz, quinoa, trigo sarraceno, harina de maíz, patatas —y productos certificados sin gluten.
  • Bajos en fructosa: verduras de hoja verde, plátanos poco maduros, cítricos en pequeñas cantidades.
  • Bajos en histamina: alimentos frescos no fermentados, cocción inmediata, evitar las sobras.

Llevar un diario de reintroducción progresiva ayuda a determinar el umbral de tolerancia de cada alimento, evitando exclusiones innecesariamente amplias que empobrecen la microbiota intestinal.

¿Pueden evolucionar las intolerancias alimentarias con el paso del tiempo?

Sí: una intolerancia puede aparecer a cualquier edad, incluso en un adulto que antes toleraba el alimento en cuestión. Este fenómeno se debe a cambios en la microbiota intestinal, al envejecimiento de las mucosas, al estrés crónico o a cambios hormonales. Las intolerancias no son necesariamente definitivas: tras una exclusión prolongada y el restablecimiento de la función digestiva, algunas personas recuperan una tolerancia parcial. Una digestión difícil y persistente siempre debe ser objeto de una evaluación médica para descartar una patología subyacente, como una enfermedad inflamatoria crónica intestinal o una enfermedad celíaca no diagnosticada. Gestionar la intolerancia alimentaria con la ayuda de profesionales mejora significativamente la calidad de vida, ya que reduce los síntomas, previene los desequilibrios nutricionales y permite una mayor participación social en torno a las comidas.