Las infecciones cutáneas bacterianas abarcan un amplio espectro, desde afecciones superficiales hasta infecciones profundas que requieren tratamiento con antibióticos. Los principales tipos son:
La sarna humana (Sarcoptes scabiei), aunque es de origen parasitario, suele clasificarse entre las infecciones cutáneas por su contagiosidad y su contexto epidémico similar.
Los antisépticos cutáneos actúan sobre los microorganismos presentes en la superficie de la piel sin penetrar en los tejidos. La clorhexidina (del 0,05 % al 0,5 % en solución acuosa) es el antiséptico de referencia para las heridas superficiales y las infecciones bacterianas leves: actividad de amplio espectro sobre bacterias Gram+ y Gram-, permanencia de 4 a 6 horas, bien tolerada. La Biseptina (combinación de clorhexidina, benzalconio y alcohol bencílico) es una solución antiséptica polivalente que se utiliza en la piel sana y en las mucosas para la prevención de infecciones perilesionales. La tiña del cuero cabelludo (Trichophyton, Microsporum) requiere un antifúngico sistémico (griseofulvina) además de un champú antiséptico; la clorhexidina por sí sola es insuficiente contra los dermatofitos.
El impétigo localizado sin complicaciones puede tratarse de forma tópica como primera opción: limpieza suave con clorhexidina, retirada de las costras ablandadas y aplicación de un antiséptico tópico (ácido fusídico o mupirocina, con receta médica) de 2 a 3 veces al día. No se deben rascar las lesiones (riesgo de propagación). El niño afectado no debe acudir a la escuela ni a actividades colectivas hasta que desaparezcan las lesiones activas. Un impétigo extenso (> 5 lesiones), recurrente o acompañado de fiebre requiere un tratamiento antibiótico oral. La Echinacea angustifolia en homeopatía (9CH, 5 gránulos 3 veces al día) se utiliza como refuerzo inmunológico en caso de infecciones cutáneas recurrentes.
El forúnculo pasa por tres fases: infiltración, ablandamiento (formación del pus central) y, posteriormente, drenaje espontáneo o inducido. El calor húmedo (cataplasma de arcilla verde + aceite esencial de árbol del té o lavanda) favorece la maduración y el drenaje espontáneo; nunca se debe incidir un forúnculo por cuenta propia. Un absceso cutáneo formado (acumulación purulenta fluctuante) debe ser drenado quirúrgicamente por un médico. Las mezclas de aceites esenciales para abscesos (árbol del té + lavanda + niaulí en aceite vegetal) ejercen una acción antibacteriana local que puede acelerar la maduración, pero no sustituyen al drenaje médico en caso de absceso profundo o fiebre asociada.
La violeta silvestre (Viola tricolor, flavonoides y derivados salicílicos) es una planta medicinal tradicional utilizada en fitoterapia para afecciones cutáneas inflamatorias e infecciosas —eczema, acné inflamatorio, impétigo incipiente—. Su extracto ejerce una acción antiinflamatoria, purificante y ligeramente antimicrobiana. El propóleo (flavonoides, ésteres fenólicos) es el principio activo apícola mejor documentado para las infecciones cutáneas leves —en forma de spray o pomada sobre las lesiones superficiales—. Estos principios activos naturales complementan a los antisépticos convencionales en el caso de infecciones leves, pero no sustituyen al tratamiento médico en caso de infección profunda, extensa o acompañada de signos generales.
Los perros y los gatos son propensos a sufrir infecciones cutáneas bacterianas y fúngicas similares a las de los humanos: piodermitis superficial (infección bacteriana del folículo), tiña (Microsporum canis, muy contagiosa y zoonótica) y otitis externas bacterianas o fúngicas. La gama Douxo (clorhexidina al 3 %, espuma purificante Pyo, champú antiséptico) es la referencia veterinaria para las infecciones cutáneas de los carnívoros domésticos; la clorhexidina al 3 % es especialmente eficaz contra las piodermitis causadas por Staphylococcus pseudintermedius. Las soluciones espumosas sin aclarado (Douxo S3 Calm) son adecuadas para las zonas de difícil acceso (orejas, pliegues cutáneos, patas). La tiña del gato es una zoonosis transmisible al ser humano (especialmente a los niños y a las personas inmunodeprimidas); es imprescindible un tratamiento antimicótico sistémico veterinario como complemento de los cuidados tópicos.