Ante el frío, el organismo activa mecanismos de termorregulación para mantener la temperatura central en 37 °C. La vasoconstricción cutánea periférica limita la pérdida de calor, a costa de una reducción del flujo sanguíneo en las extremidades, lo que provoca la sensación de tener las manos y los pies helados. La termogénesis muscular (escalofríos) y la termogénesis adiposa (tejido adiposo pardo) producen calor por vías complementarias. Estos procesos consumen mucha energía: una exposición prolongada al frío aumenta las necesidades de hierro, vitaminas del grupo B y magnesio. Una circulación sanguínea deficiente intensifica significativamente la sensación de frío.
La sensación excesiva y persistente de frío puede indicar una causa subyacente que conviene investigar. El hipotiroidismo es la causa que más a menudo pasa desapercibida: una glándula tiroides hipoactiva ralentiza el metabolismo basal y reduce la producción de calor, lo que genera una sensación de frío crónica acompañada de fatiga, aumento de peso y estreñimiento. La anemia ferropénica (ferritina < 30 µg/L) disminuye el transporte de oxígeno a los tejidos periféricos y reduce la termogénesis disponible. Las piernas pesadas asociadas a una sensación de frío en las extremidades inferiores apuntan a una insuficiencia venosa o a una mala microcirculación periférica; estas situaciones justifican una evaluación médica.
Varias plantas y especias ejercen una acción termogénica documentada. El jengibre (gingeroles y shogaoles) mejora la circulación periférica mediante la vasodilatación local y estimula la termogénesis lipídica. La canela (cinamaldehído) activa los receptores termorreguladores TRPA1 y mejora el uso de la glucosa como combustible para la termogénesis. Las infusiones calientes ecológicas (mezclas de jengibre, canela, cardamomo y pimienta negra) constituyen un método sencillo y eficaz: el efecto calorífico dura entre 30 y 60 minutos tras su ingestión. Los preparados aromáticos para el frío (sinergias de aceites esenciales que dan calor) se aplican mediante fricción, diluidos, en la zona lumbar, los pies y las pantorrillas.
El frío y el viento resecan la película hidrolipídica de la piel, lo que aumenta la pérdida de agua transepidérmica y debilita la barrera cutánea. Las zonas más expuestas (manos, labios, talones) presentan enrojecimiento, descamación y grietas dolorosas. Las cremas nutritivas ricas en grasas oclusivas (manteca de karité, lanolina, aceite de argán, cera de abejas) crean una película protectora contra la pérdida de agua y deben aplicarse sistemáticamente después de cada lavado de manos. Las almohadillas térmicas con microperlas alivian, mediante termoterapia local, las contracturas cervicales y lumbares provocadas por la postura de protección contra el frío.
La mayoría de las sensaciones de frío son benignas. Hay algunos signos que deben alertar: extremidades que se ponen blancas y luego azules de forma simétrica con el frío (fenómeno de Raynaud), sensación de frío constante en interiores con calefacción asociada a un cansancio inexplicable (hipotiroidismo), entumecimiento persistente de una extremidad (patología neurológica) o dolor al caminar en climas fríos (arteriopatía obliterante de las extremidades inferiores). Estas situaciones requieren una evaluación médica. La prevención de los episodios otorrinolaringológicos relacionados con el frío pasa por una sólida inmunidad de fondo —vitamina D3, zinc y probióticos como prevención estacional, y los principios activos para el resfriado como tratamiento curativo desde los primeros síntomas—.
El principio de las capas es la estrategia de vestimenta más eficaz contra el frío: una primera capa transpirable y termorreguladora (lana merina, fibras técnicas) evacua el sudor y mantiene el calor corporal; una segunda capa aislante (forro polar, plumón) retiene el aire caliente; una tercera capa cortavientos e impermeable protege del viento y de la humedad exterior. Las extremidades (manos, pies y orejas) son las zonas de mayor pérdida térmica: son imprescindibles los calcetines de lana merina, los calcetines de compresión termoactivos y los guantes aislantes. Los calcetines de compresión contribuyen a mejorar el retorno venoso y a mantener una mejor circulación sanguínea en las extremidades inferiores, lo que reduce la sensación de pies fríos asociada a la estasis venosa periférica.