El cuidado diario del gato abarca varios aspectos: el tratamiento antiparasitario (tratamiento regular contra pulgas, garrapatas y gusanos intestinales), la higiene bucodental (sarro, gingivitis), el cuidado de los ojos y las orejas, la salud articular (sobre todo en gatos mayores) y la gestión del estrés. El gato es un animal estoico que oculta su dolor; por ello, observar su comportamiento (apetito, actividad, postura, evacuaciones) resulta más fiable que una inspección directa para detectar precozmente cualquier anomalía. La valeriana (Valeriana officinalis, isovalérica, valeranona) es un ansiolítico natural bien tolerado por los felinos: sus feromonas vegetales tienen un efecto euforizante similar al de la hierba gatera y reducen eficazmente la ansiedad de fondo.
El protocolo antiparasitario del gato combina el tratamiento de los endoparásitos (desparasitante) y de los ectoparásitos (pipetas, sprays). La desparasitación cada 3 meses para un gato de interior —o cada mes para un gato de exterior o cazador— va dirigida contra los gusanos redondos (Toxocara cati) y los gusanos planos (tenias). Las combinaciones de pirantel/praziquantel y milbemicina/praziquantel cubren todo el espectro de helmintos. Las pipetas antiparasitarias «spot-on» (fipronil ± s-metoprina) se aplican en la nuca, comprobando obligatoriamente que no contengan permetrina, que resulta mortal para los gatos incluso por contacto indirecto. El jengibre (Zingiber officinale, gingeroles y shogaoles) es un antiemético natural que puede reducir las náuseas asociadas a la administración de antiparasitarios o al estrés digestivo en gatos sensibles.
El estrés felino se manifiesta mediante el marcaje con orina, el acicalamiento excesivo, la anorexia o la agresividad. Los principales enfoques naturales son:
En caso de ansiedad grave (alopecia psicógena extensa, cistitis idiopática felina recurrente), es imprescindible consultar a un especialista en comportamiento y seguir un tratamiento veterinario.
El mareo por viaje en los gatos es muy frecuente: la sensibilidad vestibular del gato y su asociación de los espacios cerrados con el estrés intensifican las náuseas y la hipersalivación. Hay medidas sencillas que reducen los síntomas: no dar de comer al gato entre 3 y 4 horas antes del viaje, colocar la jaula sobre un suelo estable, acostumbrar al gato a la jaula fuera de los viajes y cubrir parcialmente la jaula con un paño impregnado de feromonas. Los comprimidos homeopáticos para el mareo (cocculus, tabacum, nux vomica) reducen las náuseas sin efectos sedantes. Para los viajes largos, el veterinario puede recetar un ansiolítico o un antiemético farmacológico.
La higiene sensorial suele descuidarse. Los ojos deben limpiarse una o dos veces por semana con una loción oftálmica estéril (solución fisiológica o clorhexidina diluida), especialmente en las razas braquicéfalas (persa, british shorthair), cuyos conductos lagrimales están acodados. Las orejas no requieren una limpieza sistemática; una producción anómala de cerumen marrón o maloliente (sarna auricular por Otodectes o infección) requiere una consulta veterinaria. La higiene dental (cepillado semanal con pasta dental enzimática, golosinas activas, gel de clorhexidina) previene el sarro, que afecta a más del 70 % de los gatos mayores de 3 años. El colágeno (tipo II, específico para el cartílago) complementa el tratamiento de los gatos que padecen artritis crónica —una patología muy frecuente e infradiagnosticada en gatos de más de 10 años—.