Las pezuñas son la estructura de soporte de las extremidades del caballo: absorben los impactos, protegen los tejidos internos del pie (tejido vivo, huesos, tendones y vasos sanguíneos) y permiten la propulsión durante el movimiento. Una pezuña sana presenta una pared gruesa, dura y sin grietas, una suela flexible pero resistente y una horquilla bien desarrollada. La calidad de la pezuña viene determinada en un 70 % por la genética y en un 30 % por la alimentación, el cuidado y el entorno. La pared está formada por queratina tubular, una proteína fibrosa rica en azufre cuya síntesis depende directamente del aporte de biotina (vitamina B8, cofactor enzimático de la síntesis de queratina), de aminoácidos sulfurados (metionina, cisteína) y de minerales (zinc, cobre, silicio).
La biotina (vitamina B8, de 15 a 30 mg/día) es el complemento mejor documentado para mejorar la calidad de la pezuña: estudios aleatorizados muestran una mejora cuantificable de la dureza y el crecimiento de la pared tras 6 a 9 meses de tratamiento continuo, ya que la pared tarda entre 9 y 12 meses en renovarse por completo. El zinc es un cofactor indispensable de las enzimas implicadas en la síntesis de la queratina y el colágeno, y su carencia se manifiesta en cascos blandos, quebradizos y con un crecimiento ralentizado. La cola de caballo (Equisetum arvense, rica en sílice orgánica biodisponible) refuerza la estructura mineral de la queratina y mejora la elasticidad de la pared. Estos principios activos están disponibles en polvo para incorporar a la ración o en forma de complementos orales líquidos.
Los cuidados tópicos para las pezuñas se dividen en dos categorías principales: nutritivos/suavizantes e impermeabilizantes/protectores:
La ortiga mayor (Urtica dioica, sílice + minerales) se utiliza en fitoterapia equina para reforzar la queratina de los cascos y la crin; sus minerales biodisponibles complementan la acción de la cola de caballo.
La laminitis equina es una inflamación aguda de las láminas sensibles que unen la pared de la pezuña a la tercera falange; en casos graves, esta falange puede girar o hundirse, causando daños irreversibles. Las causas principales son alimentarias (exceso de fructanos en la hierba primaveral, sobrecarga de hidratos de carbono), metabólicas (síndrome metabólico equino, PPID/Cushing) o mecánicas (esfuerzo intenso sobre suelo duro). Las soluciones orales preventivas contra la laminitis (principios activos dirigidos al metabolismo de los hidratos de carbono y a la circulación en la pezuña) están indicadas en caballos con riesgo de padecerla. El colágeno (tipo I, hidrolizado) favorece la integridad de las láminas sensibles y del tejido conjuntivo del casco, lo que constituye un enfoque nutricional preventivo en caballos predispuestos.
La rutina diaria es tan importante como la suplementación. La limpieza (eliminación de residuos, barro y estiércol) debe realizarse por la mañana y por la tarde, comprobando que no haya cuerpos extraños clavados en la horquilla o la suela. La visita del herrador cada 6 a 8 semanas (con herraduras) o cada 4 a 6 semanas (sin herraduras) es imprescindible para mantener la alineación y reequilibrar la pared. Un suelo adecuado —ni demasiado seco, ni demasiado húmedo, ni demasiado duro— es el último factor determinante de la calidad de las pezuñas a largo plazo. El ácido hialurónico se utiliza mediante inyección intraarticular en las articulaciones del pie para tratar la artritis y mejorar la lubricación sinovial.
Hay varias situaciones que requieren la intervención inmediata de un veterinario o de un herrador cualificado. La laminitis aguda (dolor intenso, el caballo se apoya en los talones, calor en la pezuña, pulso digital palpable) es una urgencia veterinaria absoluta: cada hora que se pierde agrava las lesiones de las láminas. Un absceso en la pezuña (cojera aguda y repentina, calor localizado, pulso digital fuerte, a veces fístula purulenta) requiere un recorte veterinario de urgencia para su drenaje. La podredumbre avanzada de la horquilla (olor nauseabundo, tejido negro en descomposición en el centro de la pezuña) requiere un tratamiento antiséptico continuado y un reajuste del recorte. El ácido hialurónico inyectado por el veterinario en la articulación del casco alivia los dolores articulares crónicos de la pata y mejora la lubricación sinovial, una intervención complementaria a los cuidados tópicos del casco. Por último, un análisis nutricional completo (zinc, cobre, biotina, silicio) puede revelar deficiencias que sean la causa de una mala calidad crónica de los cascos.