La verruga plantar es una infección cutánea viral causada por el virus del papiloma humano (VPH): el VPH1 en el caso de la verruga profunda (verruga profunda, aislada y muy dolorosa al ejercer presión lateral) y el VPH2 en el caso de las verrugas en mosaico (superficiales, agrupadas y menos dolorosas). Se transmite por contacto con un suelo contaminado (piscinas, vestuarios) a través de microlesiones cutáneas. La verruga plantar se confunde a menudo con el callo (hiperqueratosis por fricción); la distinción se basa en dos criterios: las estrías dermatoglíficas se interrumpen en la verruga (nunca en un callo), y la verruga es dolorosa a la presión lateral (pellizco), mientras que el callo lo es a la presión directa. El núcleo de puntos negros (trombosis capilares de las papilas dérmicas) es el signo patognomónico de la verruga.
El ácido salicílico (15-25 %) constituye la primera línea terapéutica: eficacia del 50 al 70 % a las 12 semanas con una aplicación diaria rigurosa. El protocolo estándar es:
El ácido monocloroacético se reserva para verrugas resistentes o extensas. El ácido nítrico tamponado (Novodex Expert) cauteriza químicamente el tejido viral en pocas aplicaciones.
La crioterapia (dimetiléter + propano, -40 °C) provoca la necrosis del tejido verrugoso mediante la formación de cristales de hielo intracelulares. La aplicación dura entre 10 y 40 segundos, dependiendo del tamaño, y debe repetirse cada 2 a 4 semanas. Estos dispositivos son adecuados para verrugas solitarias superficiales; las verrugas profundas suelen requerir de 4 a 8 sesiones en la consulta médica (-79 °C, nieve carbónica). En un plazo de 24 a 48 horas aparece una ampolla por criónecrosis que se reabsorbe espontáneamente en una semana.
La homeopatía propone varias especies utilizadas tradicionalmente: Thuya occidentalis (verrugas carnosas, pediculadas o húmedas en la base), Antimonium crudum (verrugas córneas duras y callosidades asociadas), Causticum (verrugas planas o filiformes), Ranunculus sceleratus (verrugas dolorosas a la presión). La homeopatía sistémica (fórmulas combinadas) actúa sobre el sistema inmunitario en general y complementa los tratamientos locales. Estos enfoques pertenecen a la medicina tradicional y su eficacia no ha sido demostrada mediante estudios clínicos de nivel 1; pueden utilizarse como complemento de los queratolíticos o tras el fracaso de los tratamientos convencionales. La micosis del pie (pie de atleta, Tinea pedis) debe diferenciarse de la verruga antes de cualquier tratamiento, ya que requiere antifúngicos específicos.
La prevención se basa en reducir la exposición al VPH en las zonas de riesgo. Llevar sandalias en zonas húmedas comunes, secarse bien los pies (sobre todo entre los dedos), no compartir toallas ni calzado y desinfectar las duchas colectivas reducen el riesgo de contagio. Las onicomicosis suelen coexistir con las verrugas en personas expuestas a los mismos factores de riesgo; una higiene rigurosa de las uñas previene su desarrollo conjunto.
Es necesario acudir al médico o al podólogo en varias situaciones: verruga muy dolorosa que impida caminar con normalidad, verruga resistente a tres meses de tratamiento queratolítico bien llevado a cabo, verruga en mosaico extensa, duda diagnóstica (diferencial con queratodermia, melanoma acral acromático, epitelioma), o en el caso de pacientes diabéticos o inmunodeprimidos (riesgo de sobreinfección bacteriana y de rápida propagación). El médico dispone de opciones adicionales: crioterapia profesional a -79 °C, ácido tricloroacético al 80 %, láser de CO₂, inmunoterapia local (imiquimod, antígeno de Candida) o electrodesecación. La pedicura regular permite detectar y tratar de forma precoz las verrugas incipientes, antes de que alcancen un tamaño que requiera tratamientos agresivos.