El tamarindo (Tamarindus indica) es un árbol tropical de la familia de las leguminosas, cuya pulpa de las vainas se utiliza en fitoterapia para favorecer el tránsito intestinal. La pulpa es rica en ácido tartárico (9-14 %, lo que le confiere su sabor ácido), ácido málico, pectinas (fibras solubles) y azúcares naturales. El ácido tartárico y las pectinas ejercen una suave acción laxante osmótica: al retener el agua en la luz del colon, ablandan las heces y estimulan el peristaltismo sin irritar la mucosa intestinal. Esta acción osmótica lo distingue de los laxantes estimulantes (sen, frangula —que activan los receptores nerviosos del colon y pueden crear dependencia—) y de los laxantes de masa (psyllium). El tamarindo también contiene vitamina B3 (niacina), tiamina (B1) y potasio.
El tamarindo es uno de los laxantes naturales mejor tolerados para el estreñimiento ocasional de leve a moderado. Su mecanismo osmótico produce un efecto en un plazo de 6 a 12 horas, más progresivo que el de los laxantes estimulantes y más rápido que el del psyllium. Las formas disponibles son:
No utilizar de forma continuada sin consejo médico: puede desarrollarse dependencia a los laxantes, independientemente del tipo.
Paradójicamente, el tamarindo se utiliza tradicionalmente en pequeñas dosis contra la diarrea en la India y en África: sus taninos (presentes en las hojas y la corteza) ejercen un efecto astringente sobre la mucosa intestinal que reduce la motilidad y la hipersecreción. Esta acción bifásica (laxante en dosis elevadas, antidiarreica en dosis bajas) es típica de las plantas ricas en taninos y fibra soluble. En la fitoterapia moderna, es la acción laxante osmótica la que se aprovecha en las fórmulas para el tránsito intestinal.
El tamarindo se utiliza en la medicina tradicional ayurvédica y africana por sus propiedades hepatoprotectoras y desintoxicantes. Estudios experimentales demuestran que sus extractos reducen los marcadores de toxicidad hepática (ALAT, ASAT) y ejercen una acción antioxidante sobre las células hepáticas. Su ácido tartárico es un quelante natural de metales pesados (entre ellos el flúor en zonas con alta contaminación natural). Las pectinas facilitan la eliminación del colesterol biliar al unirse a los ácidos biliares, un mecanismo de reducción del LDL similar al del betaglucano de la avena. La protección hepática que proporciona el tamarindo forma parte de un enfoque global de drenaje, que debe combinarse con una hidratación suficiente y una reducción de la ingesta de grasas saturadas.
Como cura para el tránsito intestinal, las fórmulas combinadas (Santé Verte Transit Confort, Vegetransit) combinan la pulpa de tamarindo con fibra de ciruelas pasas (sorbitol osmótico), extracto de higuera y, en los casos de estreñimiento grave, sen. Estas fórmulas se utilizan en curas cortas (de 5 a 10 días como máximo en el caso de las fórmulas con sen). Para las curas de desintoxicación hepática, el tamarindo solo o combinado con plantas hepatoprotectoras (alcachofa, cardo mariano) está indicado en una cura de 3 semanas. Las personas diabéticas que tomen fórmulas ricas en pulpa de tamarindo deben controlar su glucemia, ya que la pulpa contiene entre 50 y 60 g de azúcares naturales por cada 100 g.