La sequedad vaginal es una falta de lubricación natural de las paredes vaginales, lo que provoca ardor, picor y molestias durante las relaciones sexuales. Aunque es más frecuente después de la menopausia, puede afectar a mujeres de cualquier edad, especialmente durante la lactancia, al seguir determinados tratamientos farmacológicos o en períodos de estrés prolongado. Esta afección, de la que a menudo se calla, altera significativamente la calidad de vida y merece un tratamiento adecuado sin demora.
La disminución de los estrógenos es la causa principal: hace que la mucosa vaginal se vuelva más fina y seca, reduciendo su capacidad de lubricación. Algunos medicamentos agravan este fenómeno —antihistamínicos, antidepresivos, tratamientos contra el cáncer—. El estrés y la ansiedad inhiben la respuesta fisiológica de lubricación. Los irritantes externos —jabones perfumados, baños de espuma, productos de higiene íntima agresivos— alteran el equilibrio de la flora vaginal y agravan la sequedad.
Los síntomas varían en intensidad según la mujer y los factores causantes. Los síntomas más frecuentes son picor e irritación persistentes, sensación de ardor en reposo o al orinar, dolor o molestias durante las relaciones sexuales y, en ocasiones, ligeros sangrados poscoitales relacionados con microfisuras en las paredes vaginales debilitadas. Estos síntomas pueden aparecer de forma progresiva o de manera repentina tras un cambio hormonal.
El diagnóstico se basa principalmente en los síntomas descritos por la paciente. Una exploración pélvica permite evaluar el estado de la mucosa vaginal —aspecto, elasticidad, troficidad— y descartar una infección asociada. Se pueden solicitar análisis hormonales para evaluar los niveles de estrógenos, especialmente en la perimenopausia o tras un tratamiento que pueda interferir. Hablar abiertamente de estos síntomas con el médico es el primer paso para acceder a un tratamiento eficaz.
Existen varios enfoques en función de la intensidad y la causa. Los lubricantes a base de agua, que se utilizan antes de las relaciones sexuales, ofrecen un alivio inmediato sin alterar la flora vaginal. Los hidratantes vaginales, aplicados regularmente varias veces a la semana, mantienen una hidratación profunda y duradera.El hialuronato de sodio proporciona una hidratación profunda y prolongada en las fórmulas especializadas. En caso de deficiencia de estrógenos confirmada, el médico receta estrógenos vaginales locales (cremas, anillos, comprimidos).
Algunos principios activos naturales ofrecen un apoyo complementario eficaz. El aceite de onagra, rico en ácido gamma-linolénico, favorece la hidratación de las mucosas desde el interior. La borraja, con propiedades similares y una concentración aún mayor de omega-6, suele combinarse con la onagra para lograr una acción sinérgica. Los omega-3 contribuyen a la flexibilidad y la hidratación de los tejidos mucosos. Estos complementos actúan a largo plazo y complementan las soluciones locales sin contraindicaciones habituales.
Tras la menopausia, la disminución de los estrógenos provoca una atrofia progresiva de la mucosa vaginal: las paredes se adelgazan, pierden elasticidad y su capacidad de lubricación. Este fenómeno, denominado atrofia vulvovaginal, afecta a más del 50 % de las mujeres menopáusicas y se agrava con el tiempo si no se trata. A diferencia de los sofocos, que van remitiendo, la sequedad vaginal tiende a intensificarse si no se trata.
Acuda al médico tan pronto como la sequedad vaginal perturbe su vida cotidiana o su vida íntima, aunque los síntomas parezcan leves. Es imprescindible consultar al médico en caso de dolor intenso durante las relaciones sexuales, sangrado o signos deinfección vaginal asociada. No hay que esperar a que los síntomas empeoren: existen soluciones sencillas y eficaces en todas las fases, y un tratamiento precoz preserva de forma duradera el bienestar y la calidad de vida.