Las primeras horas de vida del potro son decisivas para su supervivencia. La regla del «1-2-3» establece lo siguiente:
Los kits de análisis de IgG (test snap foal) permiten comprobar que se ha producido la transferencia de inmunidad pasiva; un nivel < 400 mg/dl indica una insuficiencia que requiere una intervención de urgencia. Los lactantes humanos y los potros comparten esta misma vulnerabilidad durante las primeras horas, en las que la calidad del calostro materno es determinante.
Cuando la yegua no produce suficiente calostro o la prueba de IgG revela una transferencia insuficiente, existen varias soluciones. Las jeringas de inmunoglobulinas sintéticas (administración oral en las primeras 12 horas, antes del cierre de la barrera intestinal) aportan IgG concentradas de origen equino. El calostro de sustitución (polvo para reconstituir, procedente de yeguas o de ganado vacuno) cubre las necesidades mínimas en casos de urgencia. Para los potros huérfanos o que no han sido amamantados lo suficiente, los sustitutos de leche equinos (leche en polvo en envases de 2,2 kg, con una composición similar a la leche de yegua) permiten la cría artificial. La alimentación del animal joven debe seguir una progresión adaptada a su sistema digestivo inmaduro, al igual que en cualquier recién nacido.
La flora intestinal del potro es prácticamente inexistente al nacer y se va desarrollando progresivamente. Las jeringas de probióticos (Lactobacillus, Bifidobacterium, Saccharomyces boulardii) administradas en las 24 horas siguientes al nacimiento y repetidas durante 5 a 7 días aceleran el establecimiento de una flora equilibrada, reduciendo el riesgo de diarreas neonatales (frecuentes entre los 7 y los 10 días, relacionadas con la activación de las enzimas digestivas). Los cólicos del potro (tapones de meconio, invaginaciones, cólicos por gases) pueden ser mortales si no se tratan rápidamente; requieren una consulta veterinaria de urgencia sin demora. La jalea real (10-HDA + vitaminas del grupo B) puede favorecer el desarrollo inmunitario de los potros muy jóvenes.
La calidad del potro al nacer depende en gran medida de la nutrición de la yegua durante el último trimestre de gestación (el 80 % del crecimiento fetal tiene lugar en este periodo). Las necesidades de energía, proteínas, calcio, fósforo, vitaminas A, D y E, y oligoelementos aumentan significativamente. La vitamina A (retinol) es fundamental para la maduración pulmonar y ocular del feto. El manganeso es indispensable para la solidez de los cartílagos y los huesos del potro; su carencia durante la gestación se asocia a discondroplasias y defectos angulares de las extremidades al nacer. Los piensos granulados para yeguas lactantes aportan todos estos nutrientes en un formato práctico.
El destete (de 5 a 6 meses) y el periodo de potro de un año (de 6 a 36 meses) son etapas clave. La ración básica debe complementarse con pienso de crecimiento adecuado que cubra las necesidades de proteínas (lisina, metionina), minerales (calcio, fósforo, magnesio, zinc, cobre) y vitaminas (A, D, E, grupo B). Debe evitarse el exceso de energía: un potro de un año con exceso de grasa desarrolla trastornos musculoesqueléticos graves (OCD, discondroplasia). La jalea real constituye un complemento natural que aporta vitalidad a los caballos jóvenes en fase de crecimiento intenso o tras una enfermedad. En cada etapa, los animales de cría merecen un seguimiento tan riguroso como el de los animales de compañía.
Hay varias situaciones que requieren una intervención veterinaria inmediata en el potro recién nacido: no se pone de pie al cabo de 2 horas, no se alimenta al cabo de 4 horas, no expulsa el meconio al cabo de 6 horas, signos de cólico (agitación, dolor abdominal, revolcarse), hipertermia o hipotermia, debilidad extrema (pollino incapaz de mantenerse en pie). El síndrome del pollino débil o prematuro (prematuridad/dismaturidad) es una urgencia neonatal que requiere cuidados intensivos. El seguimiento veterinario preventivo incluye la vacunación contra la gripe equina y el tétanos (a partir de los 5-6 meses), la desparasitación (a partir de las 8 semanas, cada 2 meses hasta el año) y la evaluación del desarrollo. La calidad de los primeros pasos del potro determina toda su carrera futura: los cuidados tempranos son una inversión fundamental paratodos los animales de los que somos responsables.