El primer año es un periodo de crecimiento excepcional. El bebé triplica aproximadamente su peso al nacer y su estatura aumenta una media de 25 cm. Sus necesidades nutricionales se basan en cuatro pilares: energía, proteínas de calidad, lípidos esenciales y micronutrientes (vitaminas y minerales).
Según la OMS y la Sociedad Francesa de Pediatría, la leche materna o de fórmula cubre la totalidad de las necesidades hasta los 6 meses. A partir de entonces, la diversificación alimentaria va tomando el relevo progresivamente, como complemento de la leche, que sigue siendo el alimento principal hasta el primer año. Los nutrientes clave a tener en cuenta son: hierro, zinc, vitamina D, vitamina A, omega-3 (DHA), calcio y proteínas. Existen recursos complementarios sobrela alimentación del bebé y la diversificación alimentaria en general.
Sí, según la OMS, la leche materna cubre todas las necesidades nutricionales e inmunitarias de un lactante sano hasta los 6 meses. Aporta proteínas, lípidos, hidratos de carbono, vitaminas y oligoelementos con una biodisponibilidad óptima, complementados con factores inmunológicos insustituibles (anticuerpos, células inmunitarias, oligosacáridos prebióticos).
Se sigue recomendando la suplementación con vitamina D para todos los lactantes (tanto los que toman el pecho como los que se alimentan con biberón), entre 400 y 800 UI al día, según la prescripción del pediatra. Si no se practica la lactancia materna, la leche infantil de primera etapa toma el relevo. A partir de los 6 meses, las reservas de hierro se agotan: la introducción de alimentos ricos en hierro se vuelve imprescindible.
La diversificación alimentaria comienza entre los 4 y los 6 meses cumplidos, idealmente tras una evaluación pediátrica. Hay varios indicios que señalan que el bebé está preparado: mantiene la cabeza erguida, muestra interés por las comidas familiares, abre la boca cuando se le acerca la cuchara y ya no expulsa sistemáticamente los alimentos con la lengua.
La introducción se realiza de forma progresiva, un alimento cada vez, con un periodo de observación de entre 3 y 5 días entre cada novedad. Los primeros alimentos deben ser preferentemente verduras de sabor suave (zanahoria, calabacín, calabaza, boniato), las frutas (manzana, pera, plátano) y los cereales infantiles. Las proteínas animales (carne blanca, pescado magro, huevo bien cocido) se añaden a partir de los 6 meses en pequeñas cantidades.
El hierro es esencial para el desarrollo cerebral y para prevenir la anemia en el lactante. A partir de los 6 meses, las reservas acumuladas durante el embarazo se agotan: la alimentación debe tomar el relevo.
Existen varias fuentes alimenticias que cubren estas necesidades:
La combinación con una fuente de vitamina C (fruta fresca, verduras de colores) durante la comida mejora la absorción del hierro no hemo. Se debe evitar la leche de vaca entera líquida como bebida principal antes del primer año, ya que interfiere en la absorción del hierro. En caso de duda sobre el estado de hierro, el pediatra puede prescribir un análisis y, en su caso, un suplemento. En cuanto al hierro en general, existen recursos específicos.
Las recomendaciones actuales han cambiado: hoy en día se ha abandonado la exclusión preventiva sistemática de los alérgenos. Por el contrario, la introducción temprana y progresiva de alimentos potencialmente alergénicos (huevo, cacahuete finamente molido, pescado, gluten, leche, frutos secos en polvo) entre los 4 y los 11 meses puede, por el contrario, reducir el riesgo de alergia, especialmente en los niños con mayor riesgo (antecedentes familiares de atopia, eccema precoz).
La introducción se realiza de un alimento en un momento, en pequeñas cantidades, preferiblemente por la mañana, y se debe vigilar la tolerancia durante 3 a 5 días. En caso de reacción grave (edema facial o de garganta, dificultades respiratorias, malestar, urticaria generalizada), hay que llamar al 15 o al 112 inmediatamente. Se recomienda el seguimiento por parte de un pediatra o un alergólogo en caso de antecedentes personales o familiares de alergia grave.
Hay varios alimentos que deben evitarse para garantizar la seguridad del lactante:
A partir de los 6 meses, se puede ofrecer agua sin gas (con bajo contenido en minerales, adecuada para lactantes) en pequeñas cantidades durante las comidas. Antes de esa edad, la leche es más que suficiente, salvo en caso de calor intenso o fiebre, siguiendo las recomendaciones del pediatra. Tu farmacéutico titular sigue siendo un interlocutor valioso para acompañarte en estas primeras etapas, como complemento al seguimiento pediátrico. En cuanto a los omega-3 y la vitamina D3 en general, existen recursos específicos.